El despliegue del escaneo de iris en ciudades latinoamericanas no ocurrió en un vacío. Se apoyó en una promesa tecnológica sencilla —verificar humanidad en la era de la inteligencia artificial— pero se ejecutó en territorios marcados por informalidad, urgencia económica y baja alfabetización digital. Esa combinación permitió que una tecnología experimental se volviera cotidiana sin un debate público previo sobre sus implicancias reales.
La escena se repitió con variaciones mínimas: filas largas, operadores con guiones cerrados y personas que aceptaban el registro a cambio de un incentivo. En ese marco, la biometría dejó de ser un concepto abstracto para transformarse en una práctica masiva, donde la identidad corporal se integró al mercado digital como un activo más, difícil de revertir una vez entregado.
El núcleo del conflicto no es técnico, sino político. El consentimiento pierde sentido cuando se ofrece una compensación económica en contextos de necesidad. Reguladores y organizaciones civiles advierten que allí se produce una asimetría estructural, donde la elección individual queda condicionada por la precariedad y no por una comprensión informada del alcance del dato entregado.
Además, la promesa de anonimización aparece como un argumento frágil. Los códigos derivados del iris siguen siendo datos biométricos sensibles, imposibles de modificar si se filtran o reutilizan. La falta de mecanismos claros de borrado y auditoría refuerza la sospecha de que el control real del dato queda fuera del alcance de los usuarios y, muchas veces, también de los Estados.
¿La biometría se impuso en la cotidianidad? ⚠️ ¿La biometría se normalizó sin nuestro consentimiento?
— Corporación Cambio Sostenible (@ccambioso) January 28, 2026
La Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) emitió una orden histórica: prohíbe a los conjuntos residenciales obligar a residentes y visitantes a usar reconocimiento… pic.twitter.com/v6Atss8dKp
Las reacciones regulatorias en Colombia, Brasil y Chile marcan un punto de inflexión. No se trata solo de sanciones aisladas, sino de un intento de reafirmar soberanía sobre los datos frente a actores globales que operan con lógicas de escala y velocidad incompatibles con los tiempos institucionales locales.
VIAJEROS / RESIDENTES — ATENCIÓN
— Urpe Integral Services (@UrpeIntegral) January 27, 2026
Desde el 28 dic 2025, EE.UU. registra TODAS las salidas con biometría facial.
Aeropuertos ✈️
Fronteras 🚗
Puertos 🚢
Incluso Canadá 🇨🇦
Ya no existe “salí y no quedó registro”.
Ahora el gobierno puede ver:
• Quién salió tarde
• Quién se quedó… pic.twitter.com/67zwsJ6KTJ
El debate que deja el caso World excede a una empresa. Plantea una pregunta de fondo para América Latina: si la región será un laboratorio de tecnologías invasivas o un espacio capaz de imponer límites. En un mundo donde la identidad se vuelve infraestructura, regular tarde equivale a ceder poder.