En plena Guerra Fría, el 31 de enero de 1958, Estados Unidos logró poner en órbita su primer satélite: Explorer 1. El lanzamiento marcó el ingreso formal del país en la carrera espacial y dio inicio a una nueva etapa de competencia científica, tecnológica y geopolítica que cambiaría para siempre la relación de la humanidad con el espacio.
Explorer 1 fue desarrollado en un contexto de urgencia, luego de que la Unión Soviética sorprendiera al mundo con el Sputnik. Aunque pequeño y rudimentario en comparación con los estándares actuales, el satélite tuvo un aporte clave: permitió descubrir los cinturones de radiación Van Allen, demostrando que la exploración espacial no era solo una carrera simbólica, sino también una fuente de conocimiento científico.
Pocos años después, la ambición fue más lejos. Antes de enviar astronautas, el programa espacial estadounidense decidió probar si un ser vivo podía soportar las condiciones extremas del despegue, el vuelo suborbital y el regreso a la Tierra. Así, el 31 de enero de 1961, el chimpancé Ham fue lanzado al espacio en una cápsula experimental.
Ham no fue solo un pasajero. Durante el vuelo, debía accionar palancas y responder a estímulos, demostrando que un ser vivo podía realizar tareas bajo microgravedad. La misión fue un éxito y se convirtió en un paso decisivo para los posteriores vuelos tripulados. Meses más tarde, Estados Unidos enviaría a su primer astronauta al espacio.

Explorer 1 y Ham representan los primeros escalones de una misma historia: la exploración espacial como proceso acumulativo, basado en prueba y error, avances tecnológicos y una fuerte carga política. Desde entonces, la humanidad logró hitos que parecían imposibles, como la llegada del hombre a la Luna a fines de la década de 1960.
Más de medio siglo después de aquellas misiones históricas, la Luna vuelve a ocupar un lugar central. El programa Artemis busca retomar la exploración lunar con objetivos más ambiciosos: misiones más largas, nuevas tecnologías y la preparación de una presencia sostenida en el satélite natural.
Si el cronograma se mantiene, febrero de 2026 aparece como una fecha clave dentro de esta nueva etapa, con pruebas y misiones previstas que forman parte del camino hacia el regreso humano a la Luna. Aunque los plazos en la exploración espacial suelen ajustarse, la dirección es clara: volver, pero esta vez para quedarse más tiempo.
Desde un satélite del tamaño de una caja hasta complejos programas lunares, la historia del espacio muestra una línea continua de avances. Explorer 1 y Ham fueron pequeños pasos iniciales que hoy permiten imaginar un nuevo capítulo en la exploración lunar, en una carrera que, lejos de haber terminado, acaba de entrar en una nueva fase.