La campaña presidencial de Costa Rica entra en su tramo final marcada por una paradoja política: la oposición concentra sus expectativas no en crecer electoralmente, sino en impedir que el oficialismo gane en primera vuelta. A pocos días de la elección, el debate público gira más en torno al umbral del 40% que a la construcción de mayorías sólidas, en un país acostumbrado históricamente a balotajes, pero no a campañas tan dispersas.
El oficialismo, alineado con el presidente saliente Rodrigo Chaves, logró ordenar su narrativa en torno a continuidad, seguridad y confrontación con las élites políticas tradicionales. Frente a ese eje discursivo claro, la oposición aparece atomizada en múltiples candidaturas que compiten entre sí por electorados similares, sin un relato común ni una figura capaz de concentrar el voto crítico al Gobierno.
La fragmentación opositora no es solo electoral, sino también estratégica. Conviven propuestas socialdemócratas, liberales y progresistas que, lejos de complementarse, se neutralizan mutuamente. Cada candidatura defiende su identidad partidaria como activo principal, aun cuando ese posicionamiento reduzca las posibilidades colectivas de forzar una segunda vuelta y reordenar el escenario político.
Este escenario genera un fenómeno conocido en la política costarricense reciente: la suma aritmética de votos opositores supera en teoría al oficialismo, pero esa mayoría potencial no se traduce en una alternativa concreta. La falta de acuerdos previos, primarias o mecanismos de coordinación dejó a la oposición atrapada en una competencia interna que favorece al candidato mejor posicionado, aunque no necesariamente al más representativo.
Continúa el recorrido de la Misión de Observación en Costa Rica. Charla técnica explicativa sobre materiales electorales y su despliegue. 🇨🇷🗳️ pic.twitter.com/55Lj1B1oHX
— UNIORE (@UNIORE) January 30, 2026
La segunda vuelta se convirtió así en la principal apuesta opositora, más por necesidad que por convicción. El balotaje aparece como la única instancia capaz de reagrupar un voto disperso y canalizarlo en una opción competitiva, siempre y cuando el oficialismo no alcance el umbral legal en la primera ronda.
#Nacionales | 👉 Fuerte video advierte peligroso riesgo para Costa Rica: “Las democracias se matan desde adentro”
— CRHoy.com (@crhoycom) January 29, 2026
Lea más aquí: https://t.co/Sv37JUFj7o pic.twitter.com/BABHZNlGyj
Sin embargo, ese escenario también entraña riesgos. Una campaña prolongada podría reforzar la narrativa de estabilidad y continuidad del oficialismo, mientras la oposición debería resolver en pocas semanas las diferencias que no pudo saldar en meses. En ese dilema se juega algo más que una elección: la capacidad del sistema político costarricense de producir consensos frente a liderazgos personalistas y escenarios de polarización creciente.