11/02/2026 - Edición Nº1100

Internacionales

Elecciones

Costa Rica al borde del 40%: la jugada que puede dejar sin balotaje a la oposición

01/02/2026 | Con el oficialismo cerca del umbral electoral, los partidos opositores buscan evitar una definición en primera ronda en un escenario fragmentado.



La campaña presidencial de Costa Rica entra en su tramo final marcada por una paradoja política: la oposición concentra sus expectativas no en crecer electoralmente, sino en impedir que el oficialismo gane en primera vuelta. A pocos días de la elección, el debate público gira más en torno al umbral del 40% que a la construcción de mayorías sólidas, en un país acostumbrado históricamente a balotajes, pero no a campañas tan dispersas.

El oficialismo, alineado con el presidente saliente Rodrigo Chaves, logró ordenar su narrativa en torno a continuidad, seguridad y confrontación con las élites políticas tradicionales. Frente a ese eje discursivo claro, la oposición aparece atomizada en múltiples candidaturas que compiten entre sí por electorados similares, sin un relato común ni una figura capaz de concentrar el voto crítico al Gobierno. 

Costa Rica 


Costa Rica es un país de América Central con una geografía accidentada, que incluye bosques tropicales y costas en el Caribe y el Pacífico.

Una oposición sin eje común

La fragmentación opositora no es solo electoral, sino también estratégica. Conviven propuestas socialdemócratas, liberales y progresistas que, lejos de complementarse, se neutralizan mutuamente. Cada candidatura defiende su identidad partidaria como activo principal, aun cuando ese posicionamiento reduzca las posibilidades colectivas de forzar una segunda vuelta y reordenar el escenario político.

Este escenario genera un fenómeno conocido en la política costarricense reciente: la suma aritmética de votos opositores supera en teoría al oficialismo, pero esa mayoría potencial no se traduce en una alternativa concreta. La falta de acuerdos previos, primarias o mecanismos de coordinación dejó a la oposición atrapada en una competencia interna que favorece al candidato mejor posicionado, aunque no necesariamente al más representativo.

El balotaje como última carta

La segunda vuelta se convirtió así en la principal apuesta opositora, más por necesidad que por convicción. El balotaje aparece como la única instancia capaz de reagrupar un voto disperso y canalizarlo en una opción competitiva, siempre y cuando el oficialismo no alcance el umbral legal en la primera ronda.

Sin embargo, ese escenario también entraña riesgos. Una campaña prolongada podría reforzar la narrativa de estabilidad y continuidad del oficialismo, mientras la oposición debería resolver en pocas semanas las diferencias que no pudo saldar en meses. En ese dilema se juega algo más que una elección: la capacidad del sistema político costarricense de producir consensos frente a liderazgos personalistas y escenarios de polarización creciente.