La reciente elección general en Myanmar confirmó lo que muchos observadores anticipaban: el partido respaldado por las fuerzas armadas consolidó su control del poder político en un país atravesado por la guerra civil y la fragmentación territorial. El resultado, lejos de cerrar la crisis abierta tras el golpe de 2021, profundiza las dudas sobre la viabilidad de una salida democrática en el corto plazo.
El triunfo de la Union Solidarity and Development Party se produjo en un contexto de exclusión sistemática de la oposición, restricciones severas a la competencia electoral y amplias zonas del país donde la votación no pudo realizarse por razones de seguridad. Aun así, el proceso fue presentado por la junta como un paso hacia la normalización institucional.
Desde el derrocamiento del gobierno civil encabezado por Aung San Suu Kyi, el ejército ha buscado construir mecanismos formales que sostengan su permanencia en el poder. Las elecciones de 2025 y 2026 cumplen esa función: ofrecer un marco legal a una autoridad que, en los hechos, se apoya en la fuerza militar y en el control territorial más que en el consenso social.
Las críticas internacionales no tardaron en llegar. Gobiernos occidentales, organizaciones de derechos humanos y actores regionales cuestionaron la falta de garantías básicas del proceso. La ASEAN, aunque dividida, volvió a expresar su preocupación por la deriva autoritaria y la continuidad de la violencia interna.
Myanmar's junta chief Min Aung Hlaing shrugged off foreign criticism of the war-torn country's general election as a final round of voting took place, with the military-backed party having secured a majority of seats in previous rounds https://t.co/3fdt9yRLj6 pic.twitter.com/SSoAM4eVAZ
— Reuters (@Reuters) January 25, 2026
Mientras se celebraban los comicios, los enfrentamientos entre el ejército y grupos rebeldes continuaron en varias regiones. El conflicto ha generado millones de desplazados y un deterioro humanitario sostenido, sin señales claras de resolución. En ese marco, el nuevo parlamento aparece con capacidades limitadas para gobernar efectivamente un país en guerra.
Myanmar 🇲🇲: footage of PDF resistance snipers monitoring military movements across the Sittaung River bridge in the Pyu township of the Bago region.
— Thomas van Linge (@ThomasVLinge) January 30, 2026
According to resistance source the snipers managed to take out at least 2 junta soldiers pic.twitter.com/fv7W3uUc4f
Más que inaugurar una nueva etapa política, la elección refuerza un escenario de estancamiento. El poder militar gana tiempo y formalidad, pero no resuelve las causas profundas del conflicto ni reconstruye la legitimidad perdida. Myanmar entra así en una fase en la que la institucionalidad existe, pero carece de autoridad real sobre una sociedad fragmentada.