En la región Núcleo, la falta de lluvias ya se transformó en una amenaza concreta para los cultivos de soja y maíz. A diferencia del inicio de la siembra gruesa, que se realizó en condiciones óptimas de clima y reservas de agua, en este tramo de la campaña -en donde comienzan a definirse los rindes- el estrés hídrico recorta las chances de buenos números en la cosecha.
De acuerdo a un relevamiento de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), enero cierra con un 66% menos de lluvias y un freno al potencial de rinde en soja de primera. Según la entidad, la región núcleo finalizará el primer mes del año con un promedio de precipitaciones de 40 milímetros, cuando los registros suelen ubicarse sobre los 110 milímetros.
“Casi la mitad del maíz tardío y de segunda se encuentra en estado regular, bajo la presión del calor y la sequía”, advirtieron. Los datos de las estaciones meteorológicas de la BCR en esa zona confirman la magnitud del problema: de 36 puestos, solo uno alcanzó la media histórica. En la localidad bonaerense de General Pinto, llovieron 122 milímetros.
En la vereda opuesta, la franja central de la región núcleo (en la provincia de Santa Fe) es la zona más comprometida. En Álvarez apenas se registraron 9 milímetros. , el valor más bajo del mes. Otras estaciones como Pujato, Maggiolo y Godeken tampoco escaparon al déficit, con acumulados mínimos de 10 a 11 milímetros.
En el corto plazo no se esperan lluvias y solo hacia mediados de la primera semana de febrero podría haber precipitaciones sobre el centro de la región núcleo.
En este contexto, la soja de primera atraviesa el período más crítico para la definición del rendimiento y la falta de agua en este momento comienza a traducirse en pérdidas irreversibles de potencial de rinde. La ausencia de precipitaciones durante la última semana en el noreste de Buenos Aires y el sur de Santa Fe acentuó los síntomas de estrés hídrico, y en Pergamino ya se estiman mermas de rendimiento potencial que alcanzan el 50%.
A este escenario se suma la aparición de plagas típicas de sequía y altas temperaturas, como arañuelas y trips, lo que obligó al inicio de tratamientos para su control. “En los sectores de la región en los que mejor llovió durante enero aún hay margen para sostener las expectativas completas de rinde”, agregaron.
En soja de segunda, la BCR estimó que hay margen para recuperarse, pero también hay crecimiento atrasado de los cultivos. “Si bien la demanda hídrica comienza a incrementarse, el cultivo aún conserva capacidad de recuperación ante eventuales aportes de lluvias”, señalaron.
El maíz también sufre esta situación y en la región hay unas 90.000 hectáreas que están muy comprometidas por la falta de agua y las altas temperaturas en región núcleo. Aun así, un 25% se mantiene en muy buenas condiciones y un 30% en buen estado.
Los lotes en mejor estado son los del noroeste bonaerense, donde el 60% sigue en muy buenas condiciones. En esa región, las lluvias de esta semana llegaron justo a tiempo para sostener el estado general de los lotes. En cambio, en el extremo sur santafecino, prácticamente no hubo lluvias, y la mayoría de los cuadros se ven regulares, estancados y a la espera de precipitaciones para retomar su desarrollo.
“Desde el sudeste cordobés, aunque algunos milímetros ayudaron en los últimos días, el panorama sigue siendo crítico: el maíz tardío muestra fuerte estrés hídrico, plantas acartuchadas y alta dependencia de nuevas lluvias en los próximos días”, concluyeron.