La política argentina volvió a ofrecer en los últimos días un combo intenso: escenas festivas, tragedias ambientales, negociaciones parlamentarias y peleas con grandes empresas.
Javier Milei quedó, una vez más, en el centro de todas las miradas, oscilando entre la euforia militante y las críticas por el manejo del fuego en la Patagonia.
Mar del Plata volvió a convertirse en una especie de refugio emocional y político para Javier Milei. Desde que llegó a la Casa Rosada, “La Feliz” se transformó en uno de sus destinos predilectos, y esta vez no fue la excepción.
El presidente desembarcó con el famoso “tour de la gratitud” por la calle Güemes: una caminata para agradecer el respaldo electoral que recibió en las elecciones del 26 de octubre. Hubo selfies, abrazos, saludos y clima de campaña permanente, aun con el traje de mandatario puesto. Eso sí: también una protesta de jubilados y opositores al Gobierno, como reflejamos aquí.
Pero eso no fue todo. Milei también compartió escenario con Fátima Flórez, cantó, se divirtió y mostró su versión más descontracturada. No se privó de nada. El cierre fue con la “Derecha Fest”, el evento libertario que funciona como vidriera de la batalla cultural y reafirma la identidad del oficialismo. Aquí y aquí, lo que dejaron ambas actividades.
Mientras Milei cantaba en el teatro, en la Patagonia el fuego se reactivaba sin tregua. Los incendios forestales, con epicentro en Chubut, dominaron la agenda y colocaron al Gobierno en una posición incómoda.
En cuestión de horas, el clima en redes sociales dio un giro brusco: de los elogios al “carisma” y la “espontaneidad” presidencial, a los cuestionamientos por la “frivolidad” en medio de una tragedia ambiental.
El tema escaló cuando reapareció Mauricio Macri, que se sumó al reclamo por una Ley de Emergencia Ígnea. A ese pedido se plegaron varios gobernadores dialoguistas, aumentando la presión política. Finalmente, el Ejecutivo respondió con un decreto.
Los incendios funcionaron como un balde de agua fría sobre la semana festiva de Milei. La dulzura marplatense chocó de frente con la crudeza del sur en llamas. Aquí y aquí quedó plasmada la presión hacia Milei, y aquí la respuesta institucional del gobierno.
Apoyo el pedido de @NachoTorresCH y de los gobernadores patagónicos para que, en las sesiones extraordinarias, se sancione la Ley de Emergencia Ígnea, que permitirá coordinar los esfuerzos provinciales con el Estado nacional. En estos incendios ya se perdieron más de 230.000… https://t.co/WkN0gKnN3G
— Mauricio Macri (@mauriciomacri) January 28, 2026
El conflicto por los incendios se conectó, casi sin escalas, con otro frente clave: la reforma laboral. Muchos de los gobernadores que reclamaban la emergencia son los mismos que vienen negociando con Diego Santilli su respaldo a los cambios impulsados por el Gobierno.
Santilli sigue con su trabajo silencioso, recorriendo provincias y sumando apoyos. Ese “trabajo de hormiga” estuvo a punto de quedar en jaque por la percepción de inacción frente al fuego, aunque el Ejecutivo insistió en que aportó recursos, logística y asistencia.
Por ahora, en Balcarce 50 creen que los votos están. Pero nadie canta victoria. La reforma toca fibras sensibles, la CGT mantiene capacidad de presión callejera y el Gobierno ya demostró más de una vez su talento para complicarse solo. En ese escenario, todo sigue abierto. El tema fue abordado acá, acá y acá.
En medio del torbellino político, apareció un capítulo inesperado: la derrota de Techint en una licitación vinculada a Vaca Muerta frente a una empresa india que ofreció un precio sustancialmente menor.
Desde el Gobierno no solo celebraron el resultado, sino que se permitieron burlas públicas. Cuando la firma de Paolo Rocca intentó bajar su propuesta, quedó expuesta una sospecha de fondo: la idea de que durante años funcionó bajo un esquema de protección que infló costos en toda la cadena productiva.
Para Milei, fue una oportunidad perfecta. El caso le cayó como anillo al dedo para cuestionar la protección industrial y reforzar su discurso de libre mercado y competencia sin privilegios, tal como analizamos aquí.
El kirchnerismo, en cambio, quedó en una posición incómoda: tratando de defender la industria nacional sin quedar pegado a Rocca, con quien Cristina Kirchner mantuvo una relación siempre tirante. El recuerdo quedó retratado acá y acá.
Así, el episodio Techint se convirtió en otra pieza del relato libertario contra “los empresarios prebendarios” y a favor de un capitalismo sin red.