Hay una mirada apocalíptica y tecnofóbica que imagina a Internet como un far west donde las plataformas de extracción de datos y producción de contenidos compiten por dejarte la cabeza como una torta frita, y según la cual la única manera de zafar es permanecer offline.
Posiciones más prudentes, como los gordos soberanía cognitiva, invitan a los usuarios a un uso estratégico de la tecnología. Algo así como una política de reducción de daños para yonkis de pantalla que proponen, por ejemplo, una feliz regresión al nokia 1100. Ambas posturas coinciden en que la atención humana es un bien escaso, un recurso limitado que se desintegra en el bucle dopamínico de los smartphones. La ansiedad, la depresión, y la nueva oleada de diagnósticos de TDAH en adultos, o de trastornos cognitivos graves o irreversibles en niños, son algunos de los problemas subjetivos y de salud pública que arrastran las sociedades de consumo en la era de internet.
En este río revuelto de la llamada economía de la atención también salen a la pesca los mercaderes de técnicas y terapias para mejorar la concentración, y así darle tregua a nuestros sistemas nerviosos hiper estimulados y estresados. Las franquicias y marcas toman nota. Por ejemplo, Nike salió este verano con unas zapatillas que estimulan la mente, las Mind One, el primer calzado del mercado que fue diseñado con neurociencia aplicada. Según el pitch, estas zapatillas “te pueden ayudar a evitar distracciones, conectar con tu entorno y centrarte más en el momento presente”. El vicepresidente y director científico de Nike, Matthew Nurse, contó que durante 45 años la compañía estudió el cuerpo en movimiento. “Ahora, nos estamos expandiendo hacia la mente". El Dr. Nike también dijo: "Aprovechamos la conexión entre el cerebro y el cuerpo de nuevas maneras. No se trata solo de correr más rápido, sino de tener más concentración, resiliencia y conciencia plena. Esa es la próxima frontera del rendimiento".

Obviamente, las zapatillas con inteligencia emocional fueron diseñadas para el público objetivo de los deportistas de élite, sin embargo el mensaje de nike es bastante claro y generalizado: para seguir siendo funcionales, rendidores y exitosos hoy es necesario parar un poco la pelota, y recuperar aptitudes elementales como la capacidad de atención y concentración antes de que estemos mentalmente fritos y espiritualmente devastados.
En las antípodas de esta apología del rendimiento, en su último ensayo “Sobre Dios. Pensar con Simone Weil” Byun Chul Han también advierte el declive de la atención, pero esta vez no como un problema del rendimiento humano que tanto preocupa a los científicos de Nike, sino como un problema del hombre contemporáneo en su relación con Dios.
Recuperando la obra de esta filósofa francesa del siglo XX, y dándole total vigencia en este presente inestable, Han dice: “Dios no murió. Lo que muere es el hombre al que Dios se le revela”. En este sentido, el surcoreano escribe: “Ciertas actitudes del espíritu que, como la espera o la paciencia, nos darían acceso a lo indisponible se están desmoronando”.
En su crítica a la sociedad del rendimiento y los sujetos hiperexigentes, narcisistas y frustrados que ésta produce, Han señala que "la información que se presenta como estímulo fragmenta nuestra atención. La atención profunda no se guía por estímulos. De hecho, más bien se resiste a ellos e incluso los repele. Se asemeja a una oración: «Con la plenitud de la atención se puede pensar solo en Dios. Y viceversa: solo se puede pensar en Dios con la plenitud de la atención. [...] El mayor éxtasis es la plenitud de la atención»".
Es que para Weil, la atención es una forma suprema de conocimiento y también de oración. Es la manera de estar abiertos a lo trascendente y a lo sagrado, y también “la forma más rara y más pura de generosidad”. Pero esa atención —ya sea hacia un otro o hacia Dios— exige una renuncia; vaciarse, callar el yo. Resignar control, estímulo, rendimiento. Quizás por eso resulta tan incompatible con una cultura que busca espiritualidad sin silencio y salvación sin espera. Cosas que no admiten atajos y que, por supuesto, no vienen incluidas en el último modelo de zapatillas con neurociencia aplicada.
