Dolor, bronca y tristeza, son los sentimientos que afloran en Sonia Centeno, cuando recuerda “el asesinato” de su nieta Yemina Gil en manos de un camionero que, según explico Centeno, infringió varias leyes de tránsito antes de arrollar a la niña de tan solo 11 años.
Durante su visita a El Living de NewsDigitales, la mujer, referente nacional de familiares de víctimas de siniestros viales, insistió a desterrar el uso del término “accidente” para describir tragedias que, según remarcó, “son evitables y constituyen verdaderos homicidios”.

En su charla, por momentos muy emotiva, Sonia recordó el siniestro vial que le costó la vida de su nieta Yemina, ocurrido en 2011 en la localidad cordobesa de Vicuña Mackenna, cuando un camionero violó reiteradas normas de tránsito, circuló por una zona prohibida, utilizó el teléfono celular y consumió drogas antes de embestirla mientras la niña iba en bicicleta. “Yemina no murió, fue asesinada”, afirmó de manera contundente. Y su bronca y dolor se evidencian aún más cuando cuenta que el conductor recibió una condena de tres años en suspenso y una inhabilitación que nunca fue controlada.
En ese contexto, Sonia denunció la falta de respuestas judiciales y la naturalización social de la violencia vial. Afirmó que la palabra “accidente” funciona como una forma de “romantizar” los hechos y ocultar lo que definió como “un genocidio encubierto a la vista de todos”, al advertir que las muertes por siniestros viales superaron ampliamente cifras históricas de tragedias nacionales.

La presidenta de la Unión de Familiares de Víctimas de Siniestros Viales también puso el foco en las secuelas que dejan estos hechos más allá de las muertes. Mencionó casos de víctimas con discapacidades severas y señaló que por cada persona fallecida quedan entre 15 y 20 lesionados graves, muchos de ellos con daños irreversibles. Además, remarcó el impacto económico que generan los siniestros viales, al asegurar que representan cerca del 2% del PBI nacional.
Durante la entrevista con este medio, Centeno cuestionó la falta de leyes más duras y el retraso en la reforma del Código Penal, impulsada por organizaciones como Estrellas Amarillas y Madres del Dolor, que ya cuenta con media sanción legislativa. En esa línea, reclamó mayor control, sanciones efectivas y políticas públicas sostenidas para desalentar el consumo de alcohol y drogas al volante, así como el uso del celular mientras se conduce.
También se refirió al deterioro de las rutas nacionales y provinciales, al considerar que el mal estado de la infraestructura vial contribuye a la tragedia cotidiana. En ese sentido, expresó su indignación ante el intento de desarticular organismos clave como la Agencia Nacional de Seguridad Vial, a la que definió como “una conquista nacida del dolor de los familiares”.
Uno de los momentos más significativos de la entrevista estuvo marcado por la presentación de la bandera con estrellas amarillas, cada una de ellas representando a una víctima fatal. Centeno explicó que el símbolo crece de manera constante y que, en muchos casos, una bandera puede completarse en apenas 48 horas. “Detrás de cada estrella hay una familia destruida”, afirmó, al relatar historias de familias enteras que perdieron la vida por conductores alcoholizados, a exceso de velocidad o en maniobras imprudentes.

Finalmente, la referente destacó el compromiso de los familiares de víctimas, a quienes definió como “condenados de por vida”, pero también como la voz de quienes ya no están. Aseguró que su lucha diaria tiene un solo objetivo: evitar que otras familias atraviesen el mismo dolor. “Yemina no vuelve, pero por amor a mi princesa voy a salir todos los días a tratar de salvar una vida”, concluyó.