03/02/2026 - Edición Nº1092

Internacionales

Reconstrucción y transición

Giro en Venezuela tras la caída de Maduro: el modelo Japón que mira Delcy Rodríguez

01/02/2026 | El modelo japonés de posguerra reaparece como referencia para una Venezuela en transición con reformas institucionales.



Al finalizar la Segunda Guerra Mundial en 1945Japón quedó profundamente devastado: gran parte de su infraestructura industrial y urbana había sido destruida, millones de personas estaban sin hogar y la economía colapsó tras años de conflicto armado. Estados Unidos, como principal potencia vencedora, lideró la ocupación aliada del país y el proceso de reconstrucción entre 1945 y 1952 bajo la dirección del general Douglas MacArthur como Comandante Supremo de las Potencias Aliadas. 

La intervención consistió en una serie de reformas políticas, económicas y sociales profundas: la desmilitarización del país, con la disolución de las fuerzas armadas; la introducción de una nueva Constitución que renunciaba al uso de la guerra como instrumento de política exterior; y cambios estructurales como la reforma agraria, la ruptura de grandes conglomerados empresariales prebélicos (zaibatsu) y la promoción de un sistema parlamentario democrático. 

Simultáneamente, se promovió la rehabilitación económica mediante medidas de estabilización financiera, reformas fiscales y el estímulo a la producción industrial. Con el tiempo estas reformas sentaron las bases para el llamado milagro económico japonés de las décadas siguientes, transformando al país en una de las principales economías del mundo en menos de diez años. 

Venezuela 


Venezuela es un país de la costa norte de América del Sur, con diversas atracciones naturales. A lo largo de su costa en el Caribe, hay islas turísticas tropicales, entre ellas la Isla de Margarita y el archipiélago Los Roques. 

Venezuela: un caso de reconstrucción comparado con Japón

En las semanas siguientes a la captura de Nicolás Maduro, en Venezuela se han visto movimientos que algunos analistas comparan con los pasos iniciales de reconstrucción estratégica japonesa, aunque en un contexto muy distinto. Tras la detención del expresidente el pasado 3 de enero, las autoridades venezolanas han impulsado reformas legales en sectores clave, tales como la Ley de Hidrocarburos que abre espacio para una mayor participación de empresas privadas en la industria petrolera, tradicionalmente controlada por el Estado y afectada por años de baja producción. 

Al mismo tiempo, el gobierno interino liderado por Delcy Rodríguez anunció una ley de amnistía general para presos políticos, que podría conducir a la liberación de cientos de detenidos y al cierre de instalaciones como el centro de detención conocido como El Helicoide, como parte de un enfoque destinado a disminuir tensiones internas. 

Estas medidas ocurren en un momento en que también se están revisando mecanismos de control y administración del sector petrolero, que representan no solo un componente económico esencial sino también un punto crucial de la soberanía nacional y de la recuperación de la industria más importante del país. 

En este paralelo con el ejemplo japonés, Marco Rubio, en su calidad de secretario de Estado de Estados Unidos y asesor de seguridad nacional, ha tenido un papel destacado en la supervisión de la transición, similar en función, pero no en contexto, al del general MacArthur en Japón después la guerra. En la práctica, esto se ha traducido en coordinación estrecha entre Caracas, Washington y otros actores internacionales para gestionar reformas clave sin que potencias externas diferentes a Estados Unidos ejerzan un control directo sobre el proceso, lo cual representa una singularidad de este caso.


Douglas MacArthur fue un militar estadounidense, general de cinco estrellas del Ejército de los Estados Unidos y mariscal de campo del Ejército Filipino. Actuó como comandante supremo aliado en el Frente del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial.

Posibles desenlaces

La comparación con Japón ofrece dos posibles trayectorias para lo que podría definirse como reconstrucción en Venezuela:

- Una transición hacia la democracia en plazos razonables:

Un proceso nacional de reconstrucción que combine reformas institucionales, recuperación económica y acuerdos políticos amplios podría conducir, en un horizonte aproximado de dos años, cómo ya aseguran algunos expertos, a la celebración de elecciones libres, la elaboración de una nueva constitución que permita la creación de un sistema democrático funcional y la reinserción gradual de Venezuela en el sistema internacional con estabilidad y crecimiento.

El paralelismo histórico con Japón no es casual. Tras la Segunda Guerra Mundial, el país asiático aprobó una nueva Constitución en 1947 y celebró elecciones democráticas a finales de los cuarenta, sentando las bases de un Estado moderno, estable y plenamente integrado al orden internacional. Aquella transformación se apoyó en instituciones renovadas, una clara hoja de ruta política y una población dispuesta a reconstruir su país desde cero.

En el caso venezolano, existen elementos estructurales que podrían facilitar un proceso comparable: una abundancia significativa de recursos naturales, en particular energéticos; un capital humano altamente cualificado dentro y fuera del país; y una diáspora numerosa que ha manifestado, de forma reiterada, su disposición a colaborar en la reconstrucción institucional, económica y social. Sumado a una población que mayoritariamente aspira a estabilidad, legalidad y normalización, no es descartable que, bajo condiciones adecuadas, Venezuela pueda experimentar un proceso de recuperación acelerada, incluso un “milagro” de reconstrucción con características propias.

- Resistencia y sabotaje por parte de núcleos duros del viejo régimen

Como en toda transición política profunda, existe el riesgo de que sectores vinculados al antiguo aparato de poder se resistan a los cambios. En el caso venezolano, esta resistencia podría provenir de figuras políticas con capacidad de influencia, Diosdado Cabello, redes de control territorial como los colectivos y segmentos del estamento militar con intereses económicos o institucionales heredados del régimen anterior. Estas dinámicas pueden traducirse en intentos de sabotaje político, polarización social o tensiones en el proceso de reconstrucción institucional.

La evolución de este factor dependerá en gran medida de los primeros días de la transición. Si el nuevo esquema logra consolidar el control de la seguridad, ofrecer garantías jurídicas claras y avanzar con rapidez en medidas visibles, como la normalización económica y la reinstitucionalización del Estado, la capacidad de bloqueo de estos núcleos tenderá a reducirse. Por el contrario, vacíos de poder o ambigüedades en la conducción podrían prolongar la resistencia y dificultar la consolidación de un proceso verdaderamente transformador.

Una transición incompleta o disfuncional

Un tercer escenario contempla una transición política formal, pero con fallas estructurales persistentes. En este caso, aunque se avance hacia elecciones y reformas legales, podrían reproducirse problemas históricos que han afectado a Venezuela durante décadas. Entre ellos, la corrupción sistémica, presente tanto en sectores del antiguo aparato estatal como en segmentos de la oposición; la debilidad del Estado de derecho; y la captura institucional por redes de poder informal.

Asimismo, el peso excesivo de las Fuerzas Armadas en la vida política y económica representaría un factor de riesgo. Una transición en la que el estamento militar conserve amplias cuotas de autonomía o influencia podría limitar la consolidación de una democracia plenamente civil. A ello se suman variables geopolíticas clave: presiones externas, disputas por el control de recursos estratégicos y la eventual reconfiguración de alianzas regionales que podrían condicionar el proceso interno.


Delcy Eloína Rodríguez Gómez es una abogada, diplomática y política venezolana, quien ha ejercido varios cargos durante las presidencias de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Actualmente es la presidente interina de Venezuela.

Venezuela no es Japón, pero puede llegar a serlo si se lo propone

Venezuela no es Japón, ni en su historia ni en su contexto geopolítico, pero la experiencia japonesa demuestra que una reconstrucción profunda es posible incluso tras una ruptura traumática del orden político.

Japón celebró sus primeras elecciones libres y adoptó una nueva Constitución en los años posteriores a la guerra, sentando las bases de un crecimiento sostenido que se apoyó en instituciones sólidas, liderazgo claro y alianzas estratégicas. Venezuela cuenta con una ventaja estructural clave: abundantes recursos, capital humano dentro y fuera del país, y una voluntad social ampliamente extendida de reconstrucción. Si el proceso logra combinar seguridad, reformas institucionales creíbles, control efectivo del Estado y participación ciudadana, el país podría encaminarse hacia una transición democrática en plazos razonables.

El riesgo de sabotaje, corrupción o desequilibrios de poder es real, pero no determinante. El desenlace dependerá, en última instancia, de si Venezuela decide transformar una crisis histórica en una oportunidad de reconstrucción nacional.

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