La circulación en redes sociales de un video en el que un comerciante exhibe una boleta de luz que considera “impagable” volvió a encender la discusión sobre las decisiones electorales y sus efectos concretos en la economía cotidiana. El caso tomó mayor visibilidad luego de que distintos usuarios recordaran que el propio protagonista había manifestado tiempo atrás su respaldo a propuestas de liberalización económica y reducción de la intervención estatal.
Entre quienes se hicieron eco estuvo el influencer conocido como “El Profe Romero”, que utilizó el episodio para cuestionar la aparente contradicción entre la defensa previa del libre mercado y el posterior reclamo de regulaciones o asistencia pública frente al incremento de tarifas. Su publicación sumó miles de interacciones y reabrió un debate habitual en el escenario digital argentino: hasta qué punto los votantes anticipan -o no- las consecuencias prácticas de los programas económicos que apoyan.
Un comerciante que votó a Milei grabó un video indignado mostrando la boleta de luz impagable. El mismo que defendía el “libre mercado” pide la intervención del Estado xq ahora no puede sostener su negocio por los tarifazos brutales. ¿En serio no sabían que esto iba a pasar? pic.twitter.com/Caw26vGkhi
— El Profe Romero (@romerodiario) January 31, 2026
Al compartir el video, Romero dejó una pregunta retórica: “Un comerciante que votó a Milei grabó un video indignado mostrando la boleta de luz impagable. El mismo que defendía el “mercado libre” pide la intervención del Estado xq ahora no puede sostener su negocio por los tarifazos brutales. ¿En serio no sabían que esto iba a pasar?”.
Los comentarios de las respuestas no tuvieron piedad con el comerciante y se hicieron un festín. "Imposible que este hombre desconociera las implicacancias de un modelo económico neoliberal, de ajuste, destrucción del consumo, del aparato productivo, industricidio, endeudamiento externo... El odio, el fanatismo opturan el pensamiento, que se haga responsable de su elección" fue una de las tantas que recibió. Otra usuaria fue más directa: "En pocas palabras...QUE SE JODA...ah...y que se FUNDA también. Estos ya no me mueven un pelo".
Más allá de los tonos irónicos que dominaron parte de la conversación, el caso expuso una tensión frecuente entre convicciones ideológicas y realidades comerciales. El video puso de relieve que en contextos de ajuste y reacomodamiento de precios, pequeños y medianos empresarios se ven obligados a recalcular sus posiciones frente a políticas que convalidan en las urnas, pero que en la práctica atentan contra su negocio.
En los dos primeros años de la administración libertaria se perdieron 21.046 empleadores, de acuerdo con datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) actualizados a octubre de 2025. La retracción del entramado productivo que tuvo su correlato directo en el empleo: la desaparición de esas unidades económicas se tradujo en la pérdida de más de 270.000 puestos de trabajo en todo el país.
Las cifras reflejan el impacto combinado de la recesión, la caída del consumo y la reconfiguración de costos sobre pequeñas y medianas empresas, que concentran la mayor parte del empleo formal privado y funcionan como termómetro de la actividad económica.
Distintos analistas suelen trazar un paralelo histórico entre esa retracción y otros ciclos económicos de fuerte apertura y ajuste en la Argentina. Durante la gestión de José Alfredo Martínez de Hoz al frente del Ministerio de Economía entre 1976 y 1981 -los años más fuertes de la dictadura-la liberalización financiera y la apertura importadora coincidieron con un proceso de desindustrialización y el cierre de miles de establecimientos fabriles, especialmente pymes manufactureras.
Algo similar señalan respecto de los años noventa bajo Carlos Menem, cuando la convertibilidad y la privatización de empresas públicas estabilizaron la inflación pero también derivaron en altos niveles de desempleo y concentración empresarial, con numerosas pequeñas firmas fuera del mercado.
En el período de Mauricio Macri (2015-2019), si bien en un contexto democrático y con otras variables macroeconómicas, también se registraron caídas en la cantidad de empleadores formales en etapas de recesión y suba de tarifas y tasas de interés. En los tres casos -con diferencias de magnitud, contexto político y herramientas económicas- los especialistas marcan como punto en común la tensión entre apertura y sostenimiento del tejido productivo, poniendo el foco en que las palabras "producción" y "trabajo" no forman parte del discurso de los gobiernos que aplican recetas neoliberales.