El peronismo bonaerense vive una semana clave en su interna: con el plazo para el cierre de listas electorales a la vuelta de la esquina, Cristina Fernández de Kirchner baraja intervenir directamente en la pulseada entre Máximo Kirchner -actual presidente del PJ provincial y líder de La Cámpora- y Axel Kicillof, gobernador bonaerense que busca consolidar su propia influencia política.

Máximo propuso que Kicillof asuma la conducción del Partido Justicialista bonaerense en un gesto destinado a sellar una unidad formal, pero la oferta no fue comunicada de manera oficial al gobernador y generó desconcierto en La Plata. En ese contexto, la expresidenta, pese a su actual restricción judicial para recibir dirigentes, sigue atenta a las negociaciones internas y mantiene contactos con intendentes clave que juegan su propio rol en el armado de listas y avales para las candidaturas provinciales.
La disputa no es solo por un cargo partidario, sino por la hegemonía política dentro del principal espacio opositor al Gobierno de Javier Milei, con sectores que presionan por un peronismo más unido y otros que desean reconfigurar el liderazgo hacia un proyecto alternativo que pueda competir en 2027.
La interna peronista de 1988 entre Carlos Menem y Antonio Cafiero quedó en la memoria política argentina como una contienda épica del Partido Justicialista, por ser la única de su historia. El ex ministro de Juan Domingo Perón e Isabel, por entonces gobernador bonaerense y referente de la llamada “renovación peronista”, aparecía como el candidato natural del aparato partidario, con respaldo territorial e imagen de dirigente moderno y dialoguista.
Del otro lado, estaba Carlos Saúl Menem -gobernador de La Rioja- que construyó una campaña disruptiva, cargada de símbolos federales, estética caudillista y promesas de “salariazo y revolución productiva” que conectaron con la mística histórica del movimiento y con sectores populares desencantados.

La elección interna, realizada con voto directo de los afiliados, terminó con el triunfo sorpresivo de Menem, que desarmó los pronósticos del establishment peronista y modificó el mapa de poder dentro del PJ. Aquella pulseada no solo definió una candidatura presidencial sino que marcó el choque entre dos estilos y dos proyectos: el peronismo institucional y urbano de Cafiero frente al liderazgo carismático y plebeyo de Menem.
La victoria le abrió al riojano el camino para llegar a la Casa Rosada el 14 de mayo de 1989, al vencer en primera vuelta al candidato radical y gobernador de Córdoba, Eduardo Angeloz.