El mayor fabricante chino de autos eléctricos del mundo atraviesa un momento de contraste. BYD registró en enero una fuerte baja interanual de sus ventas globales y completó cinco meses seguidos de retrocesos, en un contexto de competencia intensa dentro de China y menor apoyo estatal a los modelos de menor precio. Al mismo tiempo, la marca acelera su desembarco y visibilidad en mercados emergentes, entre ellos Argentina, donde crece el interés por la movilidad eléctrica.
Según los datos informados al mercado, la compañía vendió algo más de 210.000 vehículos en enero, cerca de un tercio menos que un año antes. La producción también cayó en torno al 29%, prolongando una racha negativa iniciada a mediados del año pasado. El retroceso golpeó con fuerza a los híbridos enchufables, que representan más de la mitad de sus operaciones y volvieron a ceder tras un 2025 ya débil para ese segmento.

El escenario doméstico explica parte del enfriamiento. El mercado automotor chino, el más grande del planeta, muestra señales de estancamiento mientras el gobierno reduce subsidios para el recambio hacia opciones económicas. A eso se suma la presión de rivales locales, como Geely y Leapmotor, que compiten agresivamente en precios. En paralelo, BYD ajustó a la baja su objetivo de envíos al exterior para este año, una señal de cautela frente a la incertidumbre global.
Aun así, la estrategia internacional sigue siendo clave. Las ventas fuera de China crecieron con fuerza el año pasado y permitieron a la empresa superar a Tesla como principal vendedor de eléctricos a nivel mundial. La expansión industrial acompaña ese plan, con nuevas plantas en Europa y el sudeste asiático que se suman a las ya operativas en América Latina.

Ese impulso externo se refleja en Argentina. Aunque el mercado local de autos eléctricos es todavía pequeño, la marca gana terreno con flotas de buses urbanos, soluciones para transporte público y proyectos piloto que acercan la tecnología al uso cotidiano. También crece la expectativa por la llegada de modelos de pasajeros a través de importaciones, en un contexto de mayor apertura y de interés por alternativas más eficientes frente a los combustibles tradicionales.
El contraste resume el momento de BYD. Mientras ajusta expectativas y enfrenta un ciclo adverso en su país de origen, refuerza su apuesta por regiones donde la transición energética recién comienza. Para Argentina, ese movimiento abre una ventana de oportunidades en infraestructura, transporte y nuevas opciones de movilidad, incluso cuando el gigante chino pisa el freno en el escenario global.