Las elecciones generales en Costa Rica cerraron este domingo tras una jornada de votación que transcurrió con normalidad y sin incidentes relevantes. Con las mesas ya clausuradas y el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) iniciando la recepción de resultados, los primeros datos y proyecciones coinciden en señalar una victoria clara de la candidata de derecha, que se perfila como la próxima presidenta del país.
Si bien el escrutinio oficial recién comienza, las estimaciones iniciales y los reportes de medios regionales indican que la candidata lidera con alrededor del 43–45% de los votos válidos, superando el umbral del 40% necesario para evitar una segunda vuelta. Detrás se ubican candidaturas fragmentadas, incapaces de consolidar una alternativa competitiva en este primer tramo del conteo.
La campaña estuvo dominada por un tema central: la seguridad. El avance del narcotráfico y el aumento de la violencia en los últimos años reconfiguraron las prioridades del electorado costarricense, históricamente asociado a estabilidad y baja conflictividad. En ese contexto, la candidata de derecha logró capitalizar la demanda social por mano firme, fortalecimiento institucional y control del crimen organizado.
Su discurso, enfocado en endurecer políticas de seguridad, reforzar el rol del Estado en el combate al narcotráfico y preservar la institucionalidad democrática, conectó con amplios sectores urbanos y suburbanos. El resultado preliminar refleja ese giro del electorado hacia una agenda de orden, sin romper con los consensos democráticos tradicionales del país.
Las elecciones en Costa Rica volvieron a atraer atención internacional. Representantes diplomáticos y observadores destacaron la transparencia del proceso, el rol del Tribunal Supremo de Elecciones y la estabilidad institucional como activos centrales del sistema político costarricense. En contraste con otros escenarios regionales, el país reafirmó su imagen de democracia funcional.
Desde la diplomacia europea y estadounidense se siguió de cerca el desarrollo de la jornada, en un contexto regional marcado por tensiones políticas. La posible consolidación de un gobierno de derecha con respaldo electoral claro es leída como un factor de previsibilidad en Centroamérica.
Esta mañana asistí a misa en la Basílica de Los Ángeles y oré por todos los costarricenses, por esta Patria amada, por lo que está por venir.
— Laura Fernández Delgado (@laurapresi2026) February 1, 2026
Y como siempre, recibí el apoyo y el cariño de cientos de personas presentes. Vamos a continuar haciendo grande a Costa Rica. Que… pic.twitter.com/bCN0PmRvQ6
Aunque el resultado debe ser confirmado por el escrutinio oficial, el escenario que se abre es el de un mandato con legitimidad electoral sólida. De ratificarse la victoria en primera vuelta, la nueva presidenta enfrentará desafíos inmediatos: seguridad, economía y recomposición de mayorías legislativas en una Asamblea fragmentada.
Por ahora, Costa Rica ingresa en una noche electoral donde la tendencia es nítida. A falta de la confirmación formal del TSE, todo indica que el país ha optado por un giro a la derecha, apostando por orden, estabilidad y una respuesta más dura frente a los desafíos de la seguridad regional.