02/02/2026 - Edición Nº1091

Política

Poder económico

Milei contra Rocca: la guerra para mostrar que la “casta” no era solo política

02/02/2026 | Detrás de la licitación por los tubos de Vaca Muerta, se esconde una disputa política que busca mostrar ruptura de Javier Milei con el empresariado argentino.



El origen del conflicto es, en apariencia, un expediente técnico. Tenaris, controlada por el grupo Techint, quedó afuera de la licitación para proveer tubos de gran diámetro destinados al gasoducto que conectará Vaca Muerta con el Golfo San Matías, infraestructura asociada al proyecto de exportación de GNL.

El contrato fue adjudicado a la firma india Welspun por una cifra inferior a la oferta de Tenaris. Hasta allí, una disputa comercial entre privados. Sin embargo, el Gobierno decidió politizar el resultado y convertirlo en un caso testigo de su modelo económico.

Desde la Casa Rosada se sostuvo que la propuesta de Techint era sensiblemente más cara y que la elección del proveedor extranjero demostraba que, sin “compre nacional” ni protección, los costos bajan. El propio presidente Javier Milei celebró públicamente el desenlace y eligió apuntar con nombre y apellido contra Paolo Rocca, CEO del holding. Ahí terminó la discusión de precios y empezó la pelea de poder.

De los “tubos caros” a la acusación

Lejos de limitarse a un mensaje pro-mercado, Milei decidió construir un antagonista. En redes sociales ironizó sobre Rocca y lo presentó como símbolo de un empresariado acostumbrado a reglas a medida del Estado.

Pero el conflicto dio un salto cualitativo cuando el Presidente avaló públicamente versiones que señalaban a Rocca como uno de los actores que habría impulsado la corrida cambiaria y financiera posterior a las elecciones legislativas bonaerenses de septiembre del año pasado, cuando el oficialismo sufrió un revés político en manos de su archienemigo, Axel Kicillof.

Milei no presentó pruebas ni formuló una denuncia formal, pero al repostear y convalidar esas acusaciones dejó claro el mensaje: para el Presidente, no se trató solo de un mal resultado electoral, sino de una ofensiva del poder económico para condicionar o debilitar a su gobierno.

Qué busca Milei al enfrentar a Rocca

El choque no es improvisado. Cumple al menos tres objetivos estratégicos para el Presidente:

  1. Enviar una señal disciplinadora a la élite empresarial. Milei utiliza el caso Techint para marcar un límite: bajo su gobierno, ningún grupo económico —por más historia, peso o empleo que genere— tendrá garantizada protección si no es competitivo en precios internacionales.
  2. Blindar el modelo exportador de Vaca Muerta. El Gobierno sostiene que la viabilidad del GNL argentino depende de costos bajos y reglas claras. En ese esquema, la industria local deja de ser un fin en sí mismo y pasa a ser una variable más. El mensaje es explícito: si el insumo es más barato afuera, se importa.
  3. Construir un enemigo “útil”. En un contexto de ajuste, reformas impopulares y conflicto social latente, Milei necesita mostrar que su pelea no es solo contra la “casta política”. Rocca condensa poder real, lobby y tradición industrial: un adversario ideal para reforzar el relato anti-prebendas.

Los vínculos incómodos: Techint y el Estado

La ofensiva presidencial convive con una zona gris que tensiona el discurso oficial. A lo largo de los últimos años —y también durante la actual gestión— ejecutivos y cuadros técnicos vinculados al universo Techint ocupan cargos en áreas estratégicas del Estado, especialmente en energía y trabajo.

Dentro del Ministerio de Capital Humano que conduce Sandra Pettovello, la presencia de funcionarios con trayectoria en el sector privado y nexos con grandes empresas industriales generó ruido interno y externo. Aunque no existe una acusación formal, el dato político es claro: el holding al que Milei hoy señala como adversario mantuvo y mantiene vasos comunicantes con el Estado.

En contraste con el relato presidencial, Rocca utilizó espacios institucionales como la UIA para plantear preocupaciones mucho más centradas en la estrategia productiva y la competitividad. En la última Conferencia Industrial, el empresario remarcó: “Tenemos que volver a hacer política industrial, ver cómo Argentina se inserta en este nuevo mundo.”

Su declaración apuntó a que sin una estrategia articulada —que combine apertura con instrumentos sectoriales— muchas actividades industriales nacionales quedarían expuestas a competidores globales sin compensaciones ni mecanismos de defensa.

Esa convivencia previa explica, en parte, la dureza del actual enfrentamiento: el Presidente no solo rompe con un actor económico, sino también con una lógica histórica de articulación entre poder político y gran industria.

El trasfondo 

La pelea por los tubos es apenas la superficie. En el fondo, Milei y Rocca representan dos visiones antagónicas:

Para Techint, la apertura sin correcciones internas expone a la industria local a una competencia desigual frente a países con subsidios, financiamiento barato y costos laborales más bajos. Tal es el caso de China o la India

Para Milei, esa defensa es parte del problema: un esquema que durante décadas encareció la economía, limitó exportaciones y consolidó privilegios en beneficio de la industria nacional.

El Presidente eligió librar esta batalla en público y con el empresario más poderoso del sector. No es casual. Si logra imponer su criterio frente a Techint, el mensaje al resto del establishment es inequívoco. Ganarán los que sean más fuertes y no necesiten del Estado para sobrevivir.

Dónde está hoy la disputa

La adjudicación del contrato sigue firme. Techint evalúa alternativas legales y el Gobierno no muestra señales de retroceder. La relación entre Milei y Rocca quedó abiertamente rota.

Lo que está en juego ya no es un gasoducto ni un proveedor de tubos. Es algo más profundo: quién define las reglas del desarrollo, la industria y la inversión en la Argentina que Milei intenta construir.

Y en esa disputa, el Presidente dejó en claro que está dispuesto a confrontar incluso con los hombres que históricamente nunca perdían.

La “casta” como escena

La pelea con Paolo Rocca también puede leerse como una puesta en escena coherente con la promesa fundacional de campaña de Javier Milei: venir a combatir a la “casta” argentina. Si en el discurso electoral ese concepto estaba asociado casi exclusivamente a la dirigencia política, ya en el poder el Presidente comenzó a extender la categoría al poder económico concentrado.

En ese marco, Rocca aparece como un antagonista funcional. No es un empresario menor ni un actor periférico: es uno de los hombres más influyentes de la economía nacional, con capacidad histórica de lobby, llegada a distintos gobiernos y peso estructural en sectores estratégicos como energía, siderurgia y obra pública.

Para Milei, enfrentarlo equivale a demostrar que la “casta” no se agota en la política, sino que incluye a quienes —desde el sector privado— moldearon reglas, precios y decisiones del Estado durante décadas.

El conflicto por los tubos le permite al Presidente materializar ante su electorado una idea central de su narrativa: que no hay intocables. Que su proyecto no se detiene frente a apellidos pesados ni ante empresas que, históricamente, siempre estuvieron sentadas a la mesa de las decisiones.

En esa misma lógica se inscriben otros choques que Milei eligió dar en público, como su enfrentamiento discursivo con el Grupo Clarín. Aunque se trata de un conflicto de naturaleza distinta —mediática, simbólica y cultural—, el patrón es similar: identificar un poder fáctico, confrontarlo abiertamente y presentarlo como parte del viejo sistema que dice venir a desarmar.