El economista Marco Lavagna presentó este lunes su renuncia a la dirección del INDEC, según confirmaron voceros del organismo estadístico. La salida se produce en un momento políticamente sensible: la implementación de la nueva canasta del Índice de Precios al Consumidor (IPC), que comenzará a reflejarse en los próximos informes oficiales.
“Marco Lavagna presentó hoy su renuncia al Indec y lo comunicó dentro del Instituto”, señalaron fuentes internas, sin brindar precisiones sobre los motivos formales de la decisión. Sin embargo, el contexto en el que se produce la dimisión no pasó desapercibido en el ámbito económico y político.
Lavagna estaba al frente del Indec desde diciembre de 2019, cuando asumió la presidencia Alberto Fernández. Su perfil técnico y su bajo nivel de exposición pública le permitieron continuar en el cargo tras la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada, pese al giro ideológico y al fuerte ajuste sobre el Estado.
En los últimos meses, el organismo avanzó en una modificación estructural del IPC: la actualización de la canasta de consumo, que pasa a basarse en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2017-2018, reemplazando un esquema que se sostenía desde 2004. El cambio apunta a reflejar patrones de consumo más actuales, pero también implica un mayor impacto de tarifas y servicios en la medición de la inflación.
La salida de Lavagna se inscribe además en un clima interno complejo, atravesado por salarios congelados y una sangría de cuadros técnicos. En agosto de 2025 había renunciado Georgina Giglio, directora de Índices de Precios de Consumo, reemplazada luego por Josefina Rim. También dejó su cargo Guillermo Manzano, responsable de Estadísticas de Condiciones de Vida y de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH).
Con la nueva metodología, el rubro Vivienda, Agua, Electricidad y otros combustibles incrementa su ponderación del 9,4% al 14,5%, lo que amplifica el impacto de los aumentos tarifarios en el índice general. Transporte también gana peso, pasando del 11% al 14,3%, con mayor incidencia de combustibles y transporte público.
Otros capítulos que aumentan su relevancia son Comunicaciones, que pasa de 2,8% a 5,1%, y Educación, de 2,3% a 3,1%, reflejando el mayor peso de servicios privados y conectividad. En contraste, Alimentos y Bebidas reduce su participación del 26,9% al 22,7%, luego de haber sido el principal motor inflacionario durante gran parte de 2025.
Este rediseño técnico no es neutro desde el punto de vista político: si los servicios suben por encima de los bienes -como ocurrió tras la quita de subsidios-, la nueva fórmula tenderá a mostrar una inflación más elevada que la que arrojaba la canasta anterior. En sentido inverso, una suba concentrada en alimentos tendría un impacto relativo menor.
El recambio en la conducción del Indec abre interrogantes sobre el futuro del organismo en un contexto donde la credibilidad de las estadísticas vuelve a quedar bajo la lupa, justo cuando el Gobierno necesita mostrar desaceleración inflacionaria y sostener su relato económico.