Brasil acaba de enfrentarse a un diagnóstico incómodo sobre su propio sistema educativo y sanitario. Los resultados del primer Exame Nacional de Avaliação da Formação Médica (ENAMED) mostraron que miles de estudiantes próximos a graduarse no alcanzan los conocimientos mínimos esperados para ejercer. El dato no solo generó alarma pública, sino que activó un debate estructural sobre la calidad de la enseñanza médica en un país con uno de los sistemas de salud pública más grandes del mundo.
La magnitud del problema desbordó rápidamente el ámbito académico. Universidades, colegios profesionales, legisladores y el propio Ministerio de Educación quedaron expuestos ante una pregunta central: si el Estado puede seguir habilitando automáticamente a egresados cuya formación básica no fue validada por ningún filtro externo. La discusión ya no gira solo en torno a los alumnos, sino al modelo de expansión universitaria que permitió la proliferación de facultades sin controles efectivos.
Las consecuencias inmediatas del Enamed recayeron sobre las instituciones educativas con peor desempeño. El Ministerio de Educación comenzó a aplicar restricciones administrativas a decenas de facultades, principalmente privadas, que obtuvieron calificaciones bajas. Entre las medidas se incluyen la suspensión de nuevas matrículas, la reducción de cupos y la revisión obligatoria de planes de estudio, en un intento por frenar la expansión de carreras que no garantizan estándares mínimos.
Este giro marca un punto de inflexión en la política educativa brasileña. Durante años, la apertura de nuevas facultades fue vista como una solución rápida para cubrir la falta de médicos, especialmente en regiones periféricas. Sin embargo, el examen reveló que el aumento cuantitativo no fue acompañado por calidad, dejando al descubierto un sistema que priorizó volumen antes que formación sólida.

El impacto más sensible se trasladó al plano profesional. El Consejo Federal de Medicina propuso impedir el registro automático de los egresados que no demostraron competencias básicas en el Enamed. La iniciativa busca introducir un filtro efectivo antes del ejercicio profesional, bajo el argumento de que habilitar médicos mal formados constituye un riesgo directo para los pacientes y para la credibilidad del sistema de salud.

La propuesta abrió una disputa política y jurídica de alto voltaje. Mientras sectores médicos y parte del Congreso apoyan la creación de un examen obligatorio de habilitación, otros advierten sobre posibles conflictos legales y desigualdades regionales. Lo cierto es que Brasil avanza hacia un escenario donde el título universitario podría dejar de ser suficiente, y donde la evaluación externa se consolida como una condición central para ejercer la medicina.