Las declaraciones del vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia, Dmitri Medvédev, volvieron a poner el foco en la fragilidad del equilibrio internacional. En un contexto marcado por la prolongación de la guerra en Ucrania, la rivalidad con Occidente y la reconfiguración de alianzas globales, el dirigente ruso afirmó que Moscú no tiene interés en desencadenar un conflicto mundial, aunque reconoció que el entorno geopolítico actual es “extremadamente peligroso”.
El mensaje fue interpretado como una combinación de advertencia y contención. Por un lado, busca disipar temores sobre una escalada incontrolable; por otro, subraya que el riesgo existe si no se toman en cuenta los intereses estratégicos de Rusia. Medvédev insistió en que la dinámica internacional atraviesa una fase de alta tensión, donde los errores de cálculo pueden tener consecuencias sistémicas.
Buena parte de la declaración estuvo dirigida a Estados Unidos y sus aliados. Medvédev sostuvo que la falta de consideración de las preocupaciones de seguridad rusas alimentó el conflicto actual y empujó al mundo a un escenario más inestable. Desde la óptica del Kremlin, las sanciones económicas, el suministro de armas a Ucrania y la expansión de la OTAN constituyen factores que incrementan el riesgo de confrontación indirecta entre potencias.
En ese marco, el funcionario remarcó que Rusia mantiene abiertos canales de diálogo diplomático, incluso con Washington, y que una salida negociada sigue siendo preferible a una escalada prolongada. El énfasis en la diplomacia busca proyectar una imagen de racionalidad estratégica, aun cuando el discurso oficial no cede en la defensa de los objetivos militares en Ucrania.

Las palabras de Medvédev se inscriben también en un debate más amplio sobre el control de armas y la estabilidad nuclear. El dirigente ruso advirtió que el debilitamiento de los acuerdos de desarme y la falta de nuevos marcos de negociación aumentan la incertidumbre global. En ese sentido, sugirió que el mundo debería preocuparse más por la erosión de los mecanismos de contención que evitaron conflictos directos durante décadas.
🇷🇺 Expresidente ruso Dmitri Medvédev: "Tengo la sensación de que el poder en Europa ha sido tomado por una banda de locos." pic.twitter.com/xnY2JQHGrp
— El Ojo (@ElOjoEn) February 2, 2026
El mensaje final combina firmeza y cautela. Rusia busca dejar en claro que no persigue una guerra global, pero al mismo tiempo advierte que la presión sostenida y la ausencia de compromisos mutuos elevan el riesgo de una crisis mayor. En un sistema internacional cada vez más fragmentado, las declaraciones de Medvédev funcionan como una señal política: el equilibrio sigue siendo posible, pero depende de decisiones que exceden a un solo actor.