06/02/2026 - Edición Nº1095

Internacionales

Cultura solar

Desierto de Atacama: la experiencia solar que cambió la cocina chilena

03/02/2026 | En el norte de Chile, una experiencia gastronómica basada en energía solar preserva técnicas ancestrales y redefine la relación entre territorio, cultura y sostenibilidad.



El desierto de Atacama, uno de los territorios con mayor radiación solar del planeta, suele ser narrado como un espacio extremo e inhóspito. Sin embargo, para comunidades indígenas del norte chileno, ese mismo sol ha sido históricamente una fuente de vida, organización social y sentido espiritual. En ese cruce entre territorio y cosmovisión se inscribe una experiencia culinaria que resignifica el paisaje y lo transforma en un aliado cultural.

La propuesta no se limita a una innovación técnica ni a una curiosidad gastronómica. Se trata de un proyecto que articula identidad indígena, sustentabilidad y transmisión de saberes, en un contexto donde muchas prácticas tradicionales enfrentan el riesgo de desaparecer. La cocina solar aparece así como un lenguaje contemporáneo para contar una historia antigua.

Chile 


Chile es un país largo y angosto que se extiende por el borde occidental de Sudamérica, con más de 6,000 km de costa en el océano Pacífico. Santiago, su capital, se ubica en un valle rodeado de los Andes y la cordillera de la Costa. 

Cocinar con el territorio

El uso del sol como única fuente de energía para la preparación de alimentos redefine los tiempos, los ritmos y las decisiones dentro de la cocina. La cocción depende de la posición solar, de la intensidad de la radiación y de la paciencia, elementos que contrastan con la lógica acelerada de la gastronomía moderna. En este esquema, la técnica se subordina al entorno y no al revés.

Lejos de ser una limitación, esa dependencia del clima se convierte en un gesto político y cultural. Cocinar solo cuando el sol lo permite implica aceptar la naturaleza como parte activa del proceso productivo. Los platos que emergen de esa dinámica no solo alimentan, sino que funcionan como dispositivos de memoria, conectando ingredientes, técnicas y relatos del mundo andino.


Calapurca (sopa ancestral andina, muy ligada a cocción lenta).

Más allá del plato

El impacto del proyecto excede el ámbito gastronómico. La experiencia convoca a visitantes, investigadores y cocineros interesados en comprender cómo la cocina puede operar como herramienta de preservación cultural. En un contexto de homogeneización alimentaria, este tipo de iniciativas plantea una resistencia basada en el conocimiento local y en la valorización de lo propio.


Patasca (maíz, carne, y tiempos largos de cocción).

El desafío hacia adelante es sostener ese equilibrio entre visibilidad y autenticidad. Convertir la cocina indígena en atractivo turístico puede abrir oportunidades económicas, pero también riesgos de folklorización. La clave estará en que el sol siga siendo algo más que energía: un símbolo vivo de continuidad cultural en uno de los territorios más extremos del planeta.