06/02/2026 - Edición Nº1095

Internacionales

Inversión pública

Sheinbaum apuesta todo a la obra pública en México: qué es el plan del 2% del PIB

04/02/2026 | El gobierno eleva la inversión estatal al 2% del PIB y pone a prueba su capacidad fiscal, política y de ejecución.



La llegada de Claudia Sheinbaum a la presidencia coincidió con un escenario económico más frágil del que anticipaba el oficialismo. Tras un 2025 marcado por un crecimiento bajo y señales de agotamiento en el consumo interno, el nuevo gobierno optó por acelerar una receta conocida: usar la inversión pública como motor de reactivación, aun en un contexto de restricciones fiscales y presión sobre el déficit.

El anuncio de un plan que eleva la inversión estatal al 2% del PIB en 2026 marca un giro relevante frente a los años previos, en los que la obra pública perdió peso relativo. La apuesta es clara: dinamizar sectores intensivos en empleo, recomponer expectativas y enviar una señal de iniciativa política en un arranque de mandato que busca mostrar capacidad de gestión más allá de la continuidad discursiva.

México 


México es un país entre los Estados Unidos y América Central, conocido por las playas en el Pacífico y el golfo de México, y su diverso paisaje de montañas, desiertos y selvas. 

La arquitectura del plan de inversión

El programa presentado por el Ejecutivo combina proyectos de infraestructura tradicional -energía, carreteras, transporte y agua- con esquemas de financiamiento mixto que incorporan capital privado. El objetivo declarado es evitar un desborde del gasto público directo y, al mismo tiempo, multiplicar el impacto económico de cada peso invertido mediante asociaciones estratégicas.

Sin embargo, la magnitud del desafío no reside solo en el volumen de recursos anunciados, sino en la capacidad de ejecución. México arrastra antecedentes de retrasos, sobrecostos y cuellos administrativos en grandes proyectos, lo que vuelve central la gestión técnica del plan. La credibilidad del programa dependerá menos del anuncio y más de su implementación efectiva en territorio.


Sheinbaum eleva la inversión pública al 2% del PIB para reactivar la economía y generar empleo.

Tensiones fiscales y horizonte político

El incremento de la inversión pública convive con un déficit fiscal elevado y con un margen reducido para introducir reformas tributarias de fondo. En ese equilibrio delicado, el Gobierno busca sostener la narrativa de responsabilidad fiscal mientras amplía el gasto en infraestructura, una combinación que será observada con atención por los mercados y las calificadoras.


La obra pública vuelve al centro del modelo económico, con riesgos fiscales y desafíos de ejecución.

Más allá de las variables macroeconómicas, el plan también tiene una lectura política. Para Sheinbaum, la obra pública funciona como herramienta de legitimación temprana y como puente entre continuidad y sello propio. Si la inversión logra traducirse en actividad real y empleo, el Gobierno ganará oxígeno; si no, el costo político de la apuesta será inmediato.

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