04/02/2026 - Edición Nº1093

Internacionales

Colombia

“Calamidad”: la frase de Sergio Fajardo sobre De la Espriella que cambia el mapa

04/02/2026 | El cruce con Abelardo de la Espriella confirma que el centro político busca diferenciarse, aun al costo de profundizar la división opositora.



El escenario electoral colombiano entra en una fase de mayor tensión discursiva a medida que los precandidatos definen con claridad sus límites políticos. La confrontación pública entre Sergio Fajardo y Abelardo de la Espriella no surge como un episodio aislado, sino como una señal de reordenamiento estratégico dentro de la oposición. En un contexto marcado por la fatiga social y la polarización, las definiciones personales comienzan a pesar tanto como los programas.

Fajardo, identificado históricamente con un discurso moderado y técnico, decidió esta vez elevar el tono para marcar distancia. Al calificar como una “calamidad” la eventual llegada de De la Espriella a la Presidencia, el exgobernador dejó en claro que su proyecto no contempla acuerdos con sectores que considera extremos. La afirmación rompe con la ambigüedad que caracterizó al centro en ciclos electorales anteriores.

Colombia 


Colombia es un país del extremo norte de Sudamérica. Su paisaje cuenta con bosques tropicales, las montañas de los Andes y varias plantaciones de café. 

El centro ante la radicalización del debate

La reacción de Fajardo puede leerse como un intento de preservar una identidad política propia frente a la creciente presión de los polos ideológicos. En un tablero dominado por discursos confrontativos, el centro enfrenta el dilema de diferenciarse sin diluirse. El rechazo explícito a la ultraderecha busca consolidar credibilidad, pero también implica renunciar a eventuales alianzas tácticas.

Del otro lado, De la Espriella capitaliza un discurso de orden y confrontación que interpela a un electorado cansado de la inseguridad y la crisis institucional. Su figura opera como catalizador de un voto emocional que desconfía del gradualismo. La coexistencia de ambas estrategias dentro de la oposición expone una competencia por liderar el descontento, más que por articular un proyecto común.

Una oposición sin síntesis común

La consecuencia inmediata de este enfrentamiento es la dificultad para construir una narrativa unificada frente al oficialismo y la izquierda. Sin un marco compartido, cada candidatura refuerza su identidad a costa de fragmentar el espacio opositor. La ausencia de una síntesis mínima reduce la capacidad de disputar la agenda nacional, especialmente en temas sensibles como seguridad, economía y gobernabilidad.

A mediano plazo, esta dinámica puede profundizar la lógica de bloques irreconciliables. El electorado, enfrentado a opciones cada vez más definidas, tenderá a elegir por rechazo antes que por adhesión programática. En ese escenario, la fragmentación deja de ser solo un problema electoral y se convierte en un factor de inestabilidad política futura, condicionando la gobernabilidad más allá de la elección.