04/02/2026 - Edición Nº1093

Política

¿El gobernador quiere ser?

Horas frenéticas en el PJ bonaerense por el sello que ordena el poder peronista

04/02/2026 | Kicillof analiza presidir el PJ para ordenar la interna, consolidar su liderazgo y cerrar el paso a una disputa anticipada por la gobernación en 2027.



El peronismo bonaerense atraviesa horas decisivas. En los próximos cuatro días deberá definirse el armado que conducirá el Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires, en un clima de negociaciones aceleradas para evitar una interna abierta y contener una disputa que ya excede el plano provincial. Reuniones reservadas entre intendentes, ministros y operadores territoriales marcan una dinámica frenética, con el calendario partidario presionando y un objetivo central: cerrar una conducción que garantice unidad formal y control real del aparato.

En el centro de la escena se ubican Axel Kicillof y Máximo Kirchner, protagonistas de una relación política tensa, atravesada por desconfianzas y una pulseada que combina poder territorial, proyección nacional y control del sello partidario.

En ese marco, en las últimas horas Kirchner propuso correrse de la presidencia del PJ bonaerense para que Kicillof asuma la conducción, como salida política para desactivar el conflicto y evitar una interna. Sin embargo, la discusión va mucho más allá del nombre que encabece la nómina partidaria.

Un elemento que atraviesa el debate -y que genera ruido en sectores del peronismo tradicional- es que ni Kicillof ni Máximo Kirchner provienen del tronco histórico del justicialismo. Ambos construyeron su identidad política por fuera del PJ clásico y, en distintas etapas, relativizaron públicamente la pertenencia al sello. En el caso del gobernador bonaerense, incluso llegó a plantear que no se definía como peronista sino desde una mirada propia, asociada al progresismo, el campo nacional-popular y una lectura heterodoxa de la economía política. Para varios dirigentes territoriales, esto explica por qué el PJ aparece hoy más como una herramienta de poder y ordenamiento electoral que como una referencia simbólica o identitaria.

En ese contexto, no pasa desapercibido que el propio Axel Kicillof es activamente tentado para asumir la presidencia del PJ bonaerense por dirigentes de su máxima confianza. Entre ellos se destacan su mano derecha y ministro de Gobierno, Carlos Bianco, y el exintendente de Almirante Brown, Mariano Cascallares, quienes le transmiten que encabezar el partido es la única forma de cerrar la disputa sin fisuras. La lectura interna es clara: si Kicillof no toma el control del sello, se abriría la puerta a que figuras con proyección propia utilicen la estructura partidaria como plataforma para competir por la gobernación en 2027, anticipando una interna que el kicillofismo busca evitar ahora.

2021: Verónica Magario celebra su designación en el PJ junto al expresidente Alberto Fernández

En ese tablero también siguen en juego otras alternativas. Verónica Magario aparece como una de las figuras con mayor volumen político dentro del esquema oficialista. Actual vicegobernadora bonaerense y presidenta del Senado provincial, cuenta además con un rol formal en la estructura partidaria nacional: integra el Congreso Nacional del PJ, uno de los órganos clave del partido. Su trayectoria incluye haber sido intendenta de La Matanza, el principal distrito electoral del país, lo que le otorga peso territorial y legitimidad dentro del peronismo clásico. Su eventual postulación expresa la idea de una conducción alineada con el poder provincial y con la tradición de gobernadores e intendentes al frente del PJ bonaerense. No obstante, es especialmente resistida por La Cámpora.

Otro nombre que circula como posible prenda de unidad es Julio Alak, actual intendente de La Plata y dirigente histórico del justicialismo. Alak fue ministro de Justicia de la Nación y de la provincia de Buenos Aires durante el primer mandato de Kicillof. Su perfil dialoguista y su inserción en la estructura partidaria lo posicionan como una figura capaz de descomprimir vetos cruzados, especialmente en un escenario donde ninguna de las tribus quiere aparecer como responsable de una fractura.

1999: Julio Alak junto a Carlos Ruckauf, Juan José Álvarez y Alberto Balestrini (Foto La Nación).

El trasfondo de la disputa es estratégico. Kicillof transita la segunda mitad de su mandato y su nombre aparece cada vez con más fuerza como potencial candidato presidencial del peronismo hacia 2027. Conducir el PJ bonaerense -el sello de mayor peso electoral y simbólico del país- no solo le permitiría consolidar liderazgo interno, sino también sentarse en mejores condiciones a negociar con la conducción nacional del partido, hoy judicializada y bajo la órbita de Cristina Fernández de Kirchner. En ese plano, la discusión bonaerense se entrelaza con el reordenamiento del peronismo a escala nacional.

A la par, las negociaciones no se limitan a la presidencia del PJ provincial. También están en juego los cargos locales y seccionales del partido, que deben definirse distrito por distrito con los jefes políticos territoriales. Allí, La Cámpora construyó en los últimos años un entramado de poder significativo, mientras que intendentes y dirigentes alineados con el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) reclaman mayor preponderancia en la conducción partidaria, en función del peso territorial y de gestión que dicen representar.

Con el cierre de listas cada vez más cerca, el peronismo bonaerense vive horas de definiciones frenéticas. Las conversaciones se multiplican dentro y fuera de la provincia, y ninguna hipótesis está completamente descartada. Lo que se resuelva en estos días no solo ordenará la interna del PJ bonaerense, sino que impactará de lleno en la disputa por el liderazgo del peronismo y su proyección nacional de cara a los próximos años.

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