El 4 de febrero de 1931 nació en La Rioja una mujer a la que el destino le había reservado un lugar en la historia argentina: María Estela Martínez, más conocida como Isabel Perón. Su vida estuvo marcada por el contraste entre una juventud humilde y su ascenso al Sillón de Rivadavia tras la muerte de Juan Domingo Perón.
Hija de Carmelo Martínez y de Josefa Cartas, mucho antes de convertirse en Isabelita, la futura presidente tuvo una infancia tranquila en su provincia natal, hasta la muerte de su padre, en 1938. Luego de experimentar la pérdida, su madre la envió a Buenos Aires, a la casa de José Cresto y su esposa, Isabel Zoila Gómez, que la adoptaron. En su juventud consiguió trabajo como bailarina y se recibió de profesora de piano y de idioma francés.
Pero su vida estaba en el escenario. Ingresó al Teatro Nacional Cervantes en 1951. Al año siguiente la contrató el empresario Emilio Redondo para hacer una gira por el interior. En 1953 compartió compañía artística con Haydeé Padilla en una gira por Uruguay y en 1955 se sumó al cuerpo de ballet Faustino García llevó a Chile, Colombia, Perú y Panamá. Es allí donde su destino cambió radicalmente cuando, conoció al expresidente Juan Domingo Perón, por entonces exiliado. En 1961 se casaron en España, donde se instalaron después de haber estado también en República Dominicana y Venezuela.
Los años que Perón vivió en el exilio no los pasó en el ostracismo. Por el contrario, el meridiano político argentino estuvo siempre por donde pasaba el viejo líder justicialista. Además de ser su esposa, Isabel fue su discípula. En 1964 un grupo de sindicalistas organizó un operativo de retorno de Perón al país, pero por la posición asumida por el gobierno radical de Arturo Illia -respondiendo a la presión del sector antiperonista de las Fuerzas Armadas- el General fue detenido en Brasil y enviado de vuelta a España. Isabel estuvo allí.
En 1973 el regreso triunfal de Perón a Argentina también puso a Isabelita al centro de la escena. Luego de varias idas y vueltas que incluyeron una posible fórmula de unidad nacional integrada por Perón y el líder de la Unión Cívica Radical, Ricardo Balbín, peronistas y radicales fueron a las elecciones por separado. El fundador del justicialismo fue elegido presidente y su esposa, vicepresidente. Tras la muerte de Perón, el 1° de julio de 1974, Isabel asumió la presidencia.
El mandato de "la concubina", como la llamaban sus detractores, no estuvo exento de controversias. José López Rega, un oscuro policía devenido en ministro de Bienestar Social y hombre de confianza, ejerció una influencia significativa sobre su persona. La Alienza Anticomunista Argentina, conocida como la Triple A, fue un grupo paramilitar creado por el exagente del orden, responsable de numerosos actos de represión y violencia contra opositores políticos.
Esta situación, junto con la creciente inestabilidad económica que terminó en la mega devaluación que pasó a la historia como el Rodrigazo, socavó la popularidad del tercer gobierno peronista. Otra mácula de la cual el peronismo no puede desmarcarse, aún después de medio siglo, son los decretos autorizando el accionar militar en la lucha antisubversiva.
A pesar de los problemas, su gobierno tuvo logros notables: Estatización de los canales de televisión, nacionalización de las bocas de expendio de combustibles, sanción de la Ley de Contrato de Trabajo e indicadores económicos que daban cuenta de un país fabriquero a tres turnos, en el que la deuda externa no era un problema, lo cuál se traducía en pleno empleo y en índices de pobreza casi inexistentes.
La madrugada del 24 de marzo de 1976, el Proceso de Reorganización Nacional la derrocó. Isabel fue arrestada y puesta en confinamiento durante cinco años. A pesar de su encarcelamiento la expresidente no cedió a la constante presión castrense para que confiese delitos que no había cometido.
Sus días en prisión terminaron en 1981. Al recuperar la libertad Isabel se exilió en España, donde vivió una vida relativamente tranquila y alejada de la política activa hasta la actualidad. En 1984 regresó temporalmente a Argentina para apoyar el pacto institucional de su partido -por entonces era presidente de Partido Justicialista- con el presidente Raúl Alfonsín. Desde entonces, poco y nada se supo de su vida.