05/02/2026 - Edición Nº1094

Internacionales

ONU

La apuesta de Boric por Bachelet en Naciones Unidas tambalea con el giro político en Chile

05/02/2026 | El respaldo regional contrasta con la incertidumbre política interna tras la llegada de Kast y el impacto que tendrá en la proyección internacional de Chile.



La candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de la ONU se ha convertido en un asunto que trasciende lo diplomático y se instala de lleno en el debate político chileno. La formalización del respaldo durante el cierre del gobierno de Gabriel Boric abrió una ventana de oportunidad internacional, pero también dejó planteada una interrogante clave: qué tan sostenible será esa apuesta con un cambio de signo político en La Moneda. El escenario es inédito, porque combina una nominación de alto perfil global con una transición presidencial cargada de tensiones ideológicas.

El problema no radica en el currículum de Bachelet, ampliamente reconocido en el sistema multilateral, sino en la señal que Chile proyecta hacia afuera. En diplomacia, la continuidad del respaldo estatal es tan relevante como la trayectoria del candidato. La falta de una definición clara por parte del presidente electo introduce un ruido político que debilita la narrativa de unidad nacional, un elemento crucial cuando se busca liderazgo en organismos internacionales altamente competitivos.

Chile 


Chile es un país largo y angosto que se extiende por el borde occidental de Sudamérica, con más de 6,000 km de costa en el océano Pacífico.

La diplomacia en pausa

El silencio estratégico del nuevo gobierno frente a la candidatura ha sido leído en círculos diplomáticos como una señal de cautela, pero también como un factor de fragilidad. En procesos como el de la ONU, los respaldos no se miden solo en declaraciones formales, sino en la capacidad del Estado de sostener una línea coherente en el tiempo. La indefinición chilena contrasta con el apoyo explícito de otros países de la región, que han avanzado en la construcción de una narrativa común.

Este compás de espera genera un dilema práctico: mientras más tiempo pase sin una ratificación política clara, más espacio se abre para que otras candidaturas consoliden apoyos en el Consejo de Seguridad. La diplomacia internacional funciona con ventanas de oportunidad limitadas, y la percepción de duda puede transformarse rápidamente en desventaja estructural. Para Bachelet, el desafío no es solo sumar votos externos, sino evitar que la política interna erosione su proyección global.

Un costo estratégico

Más allá del desenlace de la candidatura, el episodio deja al descubierto una tensión profunda en la política exterior chilena. Si el respaldo a Bachelet se diluye, el mensaje implícito sería que las grandes apuestas internacionales siguen siendo vulnerables a los cambios de gobierno, debilitando la idea de una diplomacia de Estado. Ese precedente podría afectar futuras postulaciones o liderazgos regionales impulsados desde Chile.

En ese contexto, la decisión que adopte el nuevo Ejecutivo no será neutra. Respaldar, matizar o retirar el apoyo tendrá consecuencias que van más allá de una figura específica y tocarán la credibilidad internacional del país. La candidatura de Bachelet opera así como un test de madurez institucional: mide hasta qué punto Chile está dispuesto a sostener una estrategia internacional coherente, incluso cuando el escenario político interno cambia de forma drástica.