El tablero político de la Cámara de Diputados se recalienta ante el inicio de las sesiones extraordinarias. El bloque Provincias Unidas, la pieza clave para que el oficialismo logre la sanción de sus leyes, enfrenta su primera gran prueba de fuego: la reforma laboral. A pesar de los intentos de unidad, el espacio que lidera Gisela Scaglia exhibe fracturas que podrían condicionar el futuro del proyecto.
La tensión no es solo ideológica, sino territorial. Los diputados que responden a gobernadores como Maximiliano Pullaro (Santa Fe) y Martín Llaryora (Córdoba) están bajo presión. Mientras algunos sectores ven con buenos ojos una "modernización" del sistema, otros temen el impacto fiscal en sus provincias y la reacción de los sectores productivos locales.

Dentro de la bancada, la discusión se ha centrado en puntos que, hasta ahora, no habían dominado la escena pública pero que hoy son innegociables para varios legisladores:
La estrategia de Provincias Unidas está directamente atada a lo que suceda en el Senado y a las negociaciones directas con la Casa Rosada. Mientras Patricia Bullrich asegura que el proyecto está cerrado en un 95%, los "silvestres" de la Cámara baja mantienen contactos con la CGT y cámaras empresariales para medir el costo político de su voto.
El impacto es inmediato: si el bloque no logra una postura unificada, el Gobierno podría encontrarse con una votación "artículo por artículo" en el recinto, lo que diluiría el corazón de la reforma original. Lo que pase en los próximos días determinará si Provincias Unidas nace como una fuerza de gobernabilidad o como un archipiélago de intereses locales difíciles de coordinar.
TM