Andrés Mountbatten-Windsor, conocido durante décadas como una figura central de la realeza británica, dejó su residencia histórica dentro del parque real de Windsor en medio de un nuevo impacto provocado por la difusión de documentos judiciales vinculados al financista estadounidense Jeffrey Epstein. La salida, confirmada por fuentes oficiales del entorno real, se produjo de manera discreta y simboliza uno de los momentos más delicados en la relación entre el ex miembro activo de la familia real y la institución que integró durante gran parte de su vida.
Durante años, el duque de York vivió en Royal Lodge, una mansión georgiana de treinta habitaciones ubicada en una de las propiedades más emblemáticas de la Corona. Ese lugar no era solo su hogar, sino también un símbolo de su pertenencia al núcleo de la monarquía. Su traslado a una vivienda más modesta dentro de Sandringham, en el este de Inglaterra, fue interpretado en Londres como una señal clara de aislamiento progresivo.
La decisión llega tras la publicación de millones de archivos judiciales en Estados Unidos relacionados con Epstein, condenado en 2008 por delitos sexuales contra menores y fallecido en prisión en 2019. Entre los documentos figuran intercambios de correos electrónicos que indicarían que Andrés mantuvo contacto frecuente con el financista durante al menos dos años después de esa condena, contradiciendo versiones previas dadas por su entorno.
El ex duque siempre negó haber cometido delitos y rechazó cualquier conducta impropia. Sin embargo, el impacto público de estas revelaciones volvió a colocarlo en el centro del escrutinio. En paralelo, la policía de Thames Valley confirmó que revisa una nueva acusación, en el marco de un análisis más amplio de la documentación recientemente difundida.
El deterioro de su posición dentro de la familia real no es un fenómeno reciente. En 2019 fue apartado de todas las funciones oficiales tras una entrevista televisiva que generó fuertes críticas, y en 2022 alcanzó un acuerdo extrajudicial con Virginia Giuffre, quien lo acusó de haber abusado sexualmente de ella cuando era menor. Aunque no admitió responsabilidad, el arreglo marcó un punto de quiebre definitivo.

Desde entonces, la Corona buscó tomar distancia. En una decisión sin precedentes en la historia moderna del Reino Unido, el rey Carlos III le retiró formalmente el tratamiento de príncipe y avanzó para que abandonara su residencia en Windsor, en un intento por proteger la imagen institucional de la monarquía. El monarca expresó además que su solidaridad estaba con las víctimas de abuso.
El impacto del nuevo lote de documentos no se limita al entorno real. Las autoridades británicas abrieron una investigación sobre Peter Mandelson, ex embajador del Reino Unido en Estados Unidos, por presunta mala conducta en el ejercicio de funciones públicas, luego de que los archivos sugirieran posibles filtraciones de información sensible hacia Epstein.

El episodio también reavivó el debate político. El primer ministro británico, Keir Starmer, sostuvo que Andrés debería prestar testimonio ante un comité del Congreso estadounidense, en línea con los pedidos de mayor transparencia surgidos tras las revelaciones.
La mudanza silenciosa desde Windsor, incluso realizada de noche según la prensa local, es vista por analistas como un gesto cargado de simbolismo. Más allá de lo judicial, representa la caída definitiva de un miembro de la realeza que supo ocupar un lugar central y que hoy queda cada vez más lejos del corazón de la monarquía británica.