06/02/2026 - Edición Nº1095

Internacionales

Energía política

Fracking en México: el giro de Claudia Sheinbaum que rompe con el legado de AMLO

06/02/2026 | El giro energético del Ejecutivo reabre una discusión sensible que tensiona alianzas, expone contradicciones y redefine prioridades del nuevo gobierno.



El cambio de posición del gobierno mexicano respecto al fracking no puede leerse como un simple ajuste técnico dentro de la política energética. La decisión del Ejecutivo, encabezado por Claudia Sheinbaum, introduce una señal política de mayor alcance: la voluntad de priorizar resultados productivos por encima de consensos ideológicos heredados. En un país marcado por una fuerte dependencia del gas importado y por la fragilidad financiera de Pemex, el debate deja de ser abstracto y se instala en el terreno de la gobernabilidad.

El tema resulta particularmente sensible porque toca una fibra central del proyecto político que llevó a Sheinbaum al poder. Durante años, el rechazo al fracking funcionó como un símbolo ambiental y ético del lopezobradorismo, más allá de su viabilidad económica. Reabrir esa puerta implica asumir costos internos y aceptar que la etapa inicial del nuevo gobierno estará atravesada por decisiones incómodas que rompen con el discurso de continuidad plena.

México


México es un país entre los Estados Unidos y América Central, conocido por las playas en el Pacífico y el golfo de México, y su diverso paisaje de montañas, desiertos y selvas. 

La fractura dentro del bloque gobernante

La reacción dentro del oficialismo fue inmediata y expuso fisuras que hasta ahora permanecían relativamente contenidas. Sectores de Morena y del Partido del Trabajo expresaron su rechazo, no solo por los riesgos ambientales asociados a la fractura hidráulica, sino porque interpretan la medida como una claudicación política. Para estos espacios, el fracking no es una herramienta neutra, sino una línea roja que separa el pragmatismo de la traición programática.

El respaldo del Partido Verde, en contraste, dejó en evidencia la naturaleza instrumental de algunas alianzas. Lejos de un debate ambiental coherente, el apoyo se explica por cálculos de poder y gobernabilidad. Este desbalance interno obliga a la presidencia a gestionar tensiones cruzadas: avanzar sin romper la coalición, pero sin ceder a un veto interno que limite la capacidad de maniobra del Ejecutivo en un área estratégica.


La administración de Claudia Sheinbaum habilitó la extracción de gas y petróleo mediante fracking, una técnica vetada durante el sexenio de AMLO.

Gobernar con costos y redefinir el rumbo

Más allá del ruido político inmediato, el episodio marca un punto de inflexión en el estilo de conducción de Sheinbaum. La decisión de avanzar, aun sin consenso pleno, sugiere un liderazgo dispuesto a asumir desgaste interno a cambio de preservar capacidad de decisión. En términos prácticos, el mensaje es claro: la estabilidad del gobierno no se sostendrá únicamente en la lealtad ideológica, sino en la eficacia para garantizar energía, inversión y funcionamiento económico.

El debate sobre el fracking, entonces, funciona como un anticipo de conflictos mayores que atravesarán el sexenio. No se trata solo de una técnica extractiva, sino de la definición de prioridades en un contexto de restricciones reales. Si el gobierno logra contener las tensiones sin paralizar su agenda, habrá consolidado autoridad. Si no, el costo podría trasladarse a la cohesión del bloque y a la narrativa de transformación que aún busca redefinirse.