La creación de la Oficina de Respuesta Oficial por parte del Gobierno nacional, inaugurada esta semana con el objetivo de desmentir lo que la administración define como “operaciones” mediáticas y políticas, generó una dura crítica desde la Ciudad de Buenos Aires. Laura Alonso, vocera del gobierno de Jorge Macri, sostuvo que la iniciativa no solo es innecesaria, sino que implica un peligro al incursionar en la esfera de la “verdad oficial” y el uso del aparato estatal en la batalla comunicacional.
A través de sus redes sociales, Alonso afirmó que “la libertad de expresión es el corazón de la democracia” y que “el Estado no debe fabricar la verdad de ninguna manera”, en un mensaje directo al Ejecutivo de Javier Milei. Para la funcionaria porteña, la exposición a críticas, incluso cuando incluye falsedades y operaciones, es inherente a la función pública y debe ser enfrentada por los propios funcionarios sin recurrir a una estructura estatal que, cree, puede distorsionar la libertad informativa.
La libertad de expresión es el corazón de la democracia republicana. El debate público, su esencia. Si hay un aspecto en el que seguro no debe intervenir el Estado de ninguna manera es en “fabricar la verdad”. No hay excusas.
— Laura Alonso 🇦🇷 (@lauritalonso) February 5, 2026
Los que elegimos ser protagonistas de la vida… https://t.co/xbmXzJO41t
La polémica se da en medio de un debate más amplio sobre el rol del Estado en la comunicación y la respuesta a la desinformación, luego de que el Gobierno presentara la nueva oficina como herramienta para “combatir la desinformación brindando más información” y ayudar a los ciudadanos a distinguir hechos de relatos.
Las posturas que genera la existencia de esta oficina, son diversas. Sus impulsores la defienden como una forma de reforzar la transparencia; sus críticos señalan riesgos de que el Estado intervenga en la imposición de un relato o mentira dentro del espacio público.