La decisión de Sergio Fajardo de no participar en la consulta interpartidista impulsada por Claudia López marcó un punto de inflexión en el espacio político de centro en Colombia. El gesto no fue menor ni improvisado: se trata de una definición estratégica que altera los equilibrios internos de un sector que venía intentando presentarse como alternativa cohesionada frente a la polarización. La negativa de Fajardo rompe la narrativa de unidad y vuelve a poner en primer plano las tensiones no resueltas entre liderazgo, método y proyecto político.
Desde el anuncio, el debate dejó de girar en torno a la viabilidad técnica de la consulta y pasó a centrarse en el sentido político del mecanismo. Fajardo argumentó que una consulta cerrada no permite construir mayorías amplias ni convocar a sectores que hoy se sienten huérfanos de representación. La discusión de fondo no es procedimental, sino estratégica: cómo disputar poder real en un escenario donde los extremos ya tienen candidaturas definidas y estructuras en marcha.
La llamada “Consulta de las Soluciones” quedó debilitada no solo por la salida de Fajardo, sino por la señal que ese movimiento envía al electorado. Un espacio que buscaba mostrarse como racional y pragmático aparece ahora atravesado por disputas de cálculo político. La ausencia de figuras con peso nacional reduce el atractivo competitivode la consulta y plantea dudas sobre su capacidad para ordenar el voto moderado en la primera vuelta.
Para Claudia López, el rechazo implica una reconfiguración forzada de su estrategia. La consulta deja de ser un instrumento de convergencia amplia y pasa a funcionar como una plataforma más limitada, con menor capacidad de negociación posterior. En este contexto, el centro corre el riesgo de fragmentarse en candidaturas individuales, cada una con dificultades para superar el umbral de relevancia electoral por sí sola.
Estamos en un momento decisivo para nuestro país. El reto es grande y lo vamos a conseguir. Este es el camino que vamos a tomar: pic.twitter.com/Th36wQ87kB
— Sergio Fajardo (@sergio_fajardo) February 5, 2026
Al optar por ir directamente a primera vuelta, Fajardo apuesta a reconstruir su identidad política fuera de los acuerdos previos. Su planteo busca interpelar a votantes desencantados tanto de la izquierda como de la derecha, pero enfrenta un desafío evidente: competir sin una coalición formal en un escenario altamente atomizado. La apuesta es de largo aliento y alto riesgo, con costos iniciales en visibilidad y estructura territorial.
¿Las consultas quedaron desdibujadas?
— Sergio Fajardo (@sergio_fajardo) February 5, 2026
Esto fue lo que le respondí a @vanedelatorre y a @JuanDiegoAlvira en el Noticiero del Mediodía en @CaracolRadio pic.twitter.com/5ymxwxvfQK
Más allá de las trayectorias individuales, el episodio deja una conclusión clara: el centro político colombiano atraviesa una crisis de método y liderazgo. Sin un mecanismo consensuado para dirimir candidaturas y sin una narrativa común, la fragmentación se convierte en una ventaja para los polos ideológicos. La decisión de Fajardo no crea esa crisis, pero la hace explícita y acelera su impacto en la carrera presidencial.