La crisis climática dejó de ser un debate técnico para convertirse en un terreno de disputa política con impacto directo sobre el sistema internacional. La negación o relativización del cambio climático por parte de gobiernos influyentes no solo altera las agendas ambientales, sino que erosiona los mecanismos de confianza sobre los que se sostiene la cooperación multilateral. En ese contexto, las políticas ambientales pasan a depender menos de consensos científicos y más de correlaciones de poder circunstanciales, debilitando los marcos de acción colectiva.
Este desplazamiento tiene efectos concretos. Cuando actores centrales del sistema internacional ponen en duda la existencia de la crisis climática, se diluye la capacidad de coordinar políticas comunes, financiar soluciones compartidas y sostener compromisos de largo plazo. El multilateralismo ambiental funciona sobre la base de reglas, datos y previsibilidad, y cualquier cuestionamiento a esos pilares reduce su eficacia operativa y su legitimidad política.
En el ámbito de los océanos, estas tensiones se vuelven especialmente visibles. La gestión marina requiere acuerdos transnacionales estables, ya que los ecosistemas no respetan fronteras jurídicas. Iniciativas como los planes oceánicos sostenibles buscan ordenar actividades económicas, conservación y adaptación climática bajo una misma lógica, pero su implementación depende de la voluntad política y la coherencia internacional.
La experiencia latinoamericana demuestra que la cooperación es posible incluso en escenarios fragmentados. Mecanismos regionales de protección marina muestran que la coordinación voluntaria puede generar resultados tangibles, aunque también evidencian sus límites. Sin marcos multilaterales sólidos, estas iniciativas quedan expuestas a cambios de gobierno, restricciones presupuestarias y presiones económicas que ponen en riesgo su continuidad.
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La erosión del multilateralismo climático no implica únicamente un retroceso; también abre espacios de reconfiguración. Para América Latina, el debilitamiento del liderazgo climático de las grandes potencias crea una oportunidad para desarrollar capacidades propias, producir datos científicos regionales y diseñar estrategias ambientales adaptadas a sus realidades económicas y sociales.
¿Por qué se está produciendo este cambio climático? El cambio climático es la variación global del clima de nuestro planeta. El aumento de los gases de efecto invernadero desde la época industrial ha propiciado que aumenten las temperaturas a nivel global de forma drástica. pic.twitter.com/4tWK3weEGO
— Mar Gómez (@MarGomezH) October 24, 2020
El desafío reside en transformar esa oportunidad en política sostenida. Sin financiamiento adecuado, sin estándares comunes y sin una narrativa regional clara, el vacío dejado por el repliegue global puede derivar en desorden más que en autonomía. La disputa en torno al cambio climático ya no es solo ambiental: define el tipo de multilateralismo que sobrevivirá en un mundo cada vez más fragmentado.