El mes de enero de 2026 dejó un dato climático preocupante para el norte de la provincia de Buenos Aires: fue el más seco de los últimos 60 años. Así lo confirmó un reciente informe de la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) del INTA San Pedro, que registró apenas 10,6 milímetros de precipitaciones, una marca muy por debajo del promedio histórico de 117,9 mm para ese período.
El relevamiento del organismo abarca los partidos de San Nicolás, Ramallo, San Pedro, Baradero y Zárate, donde las condiciones meteorológicas se repitieron con un mismo denominador común: lluvias prácticamente nulas, temperaturas elevadas y un notorio estrés hídrico que comenzó a sentirse en cultivos, pastizales y producciones intensivas.
El registro de enero no solo quedó lejos de los valores normales, sino que pasó a encabezar la serie histórica 1965–2025 como el mes con menor nivel de precipitaciones. Según el informe técnico, las lluvias se concentraron en apenas cuatro días, cuando lo habitual es que en esta época del año se registren más de siete jornadas de lluvias.

A este escenario se sumaron temperaturas levemente superiores a los promedios históricos. La media mensual alcanzó los 24,5 °C –frente a 24,1 °C habituales– y la máxima absoluta llegó a 36,7 °C el 12 de enero. El combo de calor y sequía, advirtieron los especialistas, intensificó el estrés térmico e hídrico en toda la región costera del norte provincial.
Paradójicamente, la sequía extrema de enero se produjo luego de un ciclo 2025 con lluvias por encima de lo normal. Los acumulados anuales superaron ampliamente el promedio histórico de 1.056 mm. Sin embargo, el abrupto corte de precipitaciones en pleno verano alteró de manera drástica el balance hídrico y encendió luces de alerta para la producción.
El dato que resume la magnitud del fenómeno es contundente: en la EEA INTA San Pedro se midieron 10,6 mm durante todo enero, lo que representa menos del 10% del promedio histórico mensual. Nunca, desde que se llevan registros sistemáticos, se había observado un enero tan seco.
Los especialistas remarcaron que no se trató de un evento aislado, sino de una situación generalizada en los cinco distritos estudiados. Las estaciones meteorológicas automáticas de Río Tala (San Pedro), Lima (Zárate) y Villa Ramallo (Ramallo) también evidenciaron precipitaciones muy por debajo de lo normal.
Si bien 2025 había dejado acumulados de lluvia elevados, el informe destacó que “la marcada disminución del balance hídrico del suelo durante enero modificó abruptamente las condiciones productivas”, generando un escenario muy distinto al que se observaba apenas semanas atrás.
En materia agrícola, el panorama descripto por los especialistas es de cautela. La soja de primera y de segunda, así como los maíces de fecha y tardíos, se encuentran en general en buen estado en los distintos partidos relevados. Sin embargo, los técnicos advirtieron que esa situación depende de que regresen las lluvias en el corto plazo.
Las imágenes satelitales analizadas por el INTA mostraron buena presencia de biomasa verde, pero niveles decrecientes de humedad en la vegetación. Los índices NDVI (Índice de Vegetación de Diferencia Normalizada) y NDMI (Índice de Humedad de Diferencia Normalizada) reflejaron cultivos aún activos, aunque funcionando bajo condiciones de estrés hídrico.
En soja de segunda se observaron algunos síntomas como pérdida de hojas basales y detención del crecimiento, mientras que los maíces que atraviesan etapas críticas de llenado de granos podrían ver comprometido su rendimiento si la sequía se prolonga. “La ocurrencia de precipitaciones será determinante para sostener la evolución futura de los cultivos”, resumió el informe.
Donde la sequía dejó consecuencias más directas fue en los sistemas productivos intensivos. En el cultivo de batata, por ejemplo, numerosos lotes evidenciaron estrés hídrico, con limitaciones en el crecimiento y engrosamiento de raíces. Algunos productores debieron recurrir a riegos complementarios para sostener la producción.
En viveros, la combinación de altas temperaturas, viento y falta de agua generó un escenario complejo, con incremento de plagas como arañuela y mayores necesidades de riego. También las hortalizas bajo cobertura sufrieron condiciones adversas, con proliferación de mosca blanca, trips y pulgones.
Una atención especial merecieron los frutales cítricos, dado que la zona es reconocida por su producción de naranjas y duraznos. En estos cultivos se detectaron focos de mosca blanca y ataques de minador de la hoja. En duraznero, en tanto, se registró el cierre de la tercera generación de grafolita, con capturas moderadas.
El informe señaló que estas actividades son particularmente sensibles a los extremos climáticos y que, de no revertirse la situación, podrían registrarse pérdidas de calidad y rendimiento en varias producciones regionales.
En el sector ganadero, el monitoreo de pastizales naturales mostró que en diciembre de 2025 la tasa de crecimiento se había mantenido por encima del promedio histórico gracias al efecto residual de las lluvias abundantes del cuatrimestre previo.
Sin embargo, hacia fines del período analizado comenzó a registrarse una caída marcada en la producción de forraje, en línea con el fuerte descenso de las precipitaciones y del balance hídrico de los suelos. Los técnicos advirtieron que, si la sequía continúa, la oferta forrajera podría verse seriamente comprometida en los próximos meses.
En ese marco, desde el INTA remarcaron la importancia de contar con herramientas de seguimiento y planificación para ajustar la carga animal y evitar impactos mayores sobre los sistemas ganaderos.
Más allá de las diferencias entre actividades y distritos, el mensaje central del último informe de la Estación Experimental INTA San Pedro es claro: el escenario productivo quedó condicionado por un enero excepcionalmente seco y caluroso, y la evolución de la campaña dependerá casi exclusivamente del comportamiento climático de las próximas semanas.
Los cultivos extensivos aún muestran capacidad de adaptación, pero se encuentran en etapas críticas; las producciones intensivas ya sienten el golpe; y la ganadería empieza a transitar un período de mayor incertidumbre. En todos los casos, resulta vital la llegada de precipitaciones que permitan recomponer la humedad del suelo.
“De persistir la falta de lluvias, podrían acentuarse los problemas de estrés hídrico y comprometerse los rendimientos”, advirtió el trabajo técnico del INTA. Por ahora, en el norte costero bonaerense los productores se mantienen en alerta y miran al cielo con la esperanza de que en las próximas semanas lleguen lluvias que reviertan los efectos del enero más seco de las últimas seis décadas.