El 7 de febrero de 1907, Honduras y Nicaragua rompieron relaciones diplomáticas en un contexto de creciente tensión política y militar en Centroamérica. El episodio no fue un hecho aislado, sino la expresión de una región atravesada por conflictos internos, rivalidades ideológicas y disputas por influencia. La diplomacia quedó rápidamente desbordada por la lógica de la confrontación armada.
La ruptura se produjo en el marco de un enfrentamiento más amplio que involucró a fuerzas liberales y conservadoras en varios países de la región. Nicaragua, bajo el liderazgo liberal, apoyó a sectores opositores al gobierno hondureño, lo que agravó la desconfianza bilateral. La frontera dejó de ser solo un límite territorial y pasó a convertirse en un frente político y militar.
A comienzos del siglo XX, Centroamérica vivía una etapa de alta volatilidad institucional. Los cambios de gobierno solían resolverse por la vía armada y las alianzas entre Estados eran inestables. En ese escenario, la ruptura entre Honduras y Nicaragua evidenció la fragilidad de los mecanismos diplomáticos regionales y la ausencia de estructuras sólidas de mediación.
El conflicto de 1907 aceleró la intervención de actores externos. Estados Unidos promovió una conferencia de paz en Washington, que culminó en acuerdos destinados a reducir las hostilidades y a establecer reglas comunes. De ese proceso surgió la Corte Centroamericana de Justicia, uno de los primeros intentos de institucionalizar la resolución de conflictos en la región.

La efeméride del 7 de febrero permite observar cómo la ausencia de instituciones regionales fuertes favoreció la escalada de tensiones. La ruptura diplomática fue tanto una consecuencia como un síntoma de la inestabilidad estructural de Centroamérica en la época. La política exterior quedó subordinada a conflictos internos no resueltos.

Con el tiempo, el episodio de 1907 quedó como referencia histórica de los costos de la confrontación regional. Más allá de su desenlace inmediato, la ruptura entre Honduras y Nicaragua subrayó la necesidad de mecanismos de diálogo y cooperación, una lección que continúa siendo relevante para la región.