La política de Estados Unidos hacia Cuba volvió a mostrar su carácter ambivalente. Mientras Washington anunció un aumento de la ayuda humanitaria destinada a la isla, reforzó al mismo tiempo las medidas para restringir el suministro de combustible, en un contexto de severa crisis energética. La coexistencia de ambas decisiones expone una estrategia que busca aliviar el impacto social inmediato sin renunciar a la presión estructural sobre el gobierno cubano.
La asistencia adicional, canalizada a través de organizaciones religiosas y humanitarias, apunta a atender a sectores vulnerables afectados por desastres naturales recientes y por el deterioro económico general. Desde la óptica estadounidense, se trata de una señal política dirigida a diferenciar entre el régimen y la población, evitando que la presión económica sea leída como castigo indiscriminado.
En paralelo, la administración estadounidense intensificó sus esfuerzos para limitar el acceso de Cuba a petróleo importado, un insumo crítico para la generación eléctrica, el transporte y la logística interna. Las restricciones sobre proveedores y rutas de suministro agravaron la escasez de combustible y multiplicaron los apagones, convirtiendo la energía en un nuevo frente de disputa bilateral.
Desde La Habana, la respuesta fue inmediata. El gobierno cubano denunció lo que describe como un “bloqueo energético”, señalando que la falta de combustible afecta no solo a la industria, sino también a servicios esenciales y a la distribución de alimentos. En ese marco, la ayuda anunciada por Washington es presentada por las autoridades cubanas como insuficiente y contradictoria frente al daño generado por las sanciones.
Visite a damnificados en la provincia de Holguín que recibieron la asistencia humanitaria que mandó la Administración Trump. Este es el primero en una serie de videos que relatan su situación. Hay mucha necesidad y vamos a enviar más ayuda a través de la iglesia. 🇺🇸🤝🇨🇺… pic.twitter.com/SUFbYr29qm
— Embajada de los Estados Unidos en Cuba (@USEmbCuba) February 5, 2026
La combinación de asistencia y presión refuerza una lógica ya conocida en la relación bilateral. Estados Unidos intenta sostener influencia humanitaria y diplomática sin abandonar herramientas coercitivas destinadas a forzar cambios de comportamiento. El resultado es una política que mantiene abierta la tensión y limita las posibilidades de normalización en el corto plazo.
Nuestro Jefe de Misión Mike Hammer visitó a damnificados del huracán Melissa en Cacocum, El Elevado en la provincia de Holguín para ver cómo iba la distribución de ayuda humanitaria q mandó la Administración Trump. #ConCubanosdeAPie
— Embajada de los Estados Unidos en Cuba (@USEmbCuba) February 6, 2026
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En términos regionales, el episodio vuelve a colocar a Cuba como un punto sensible de la agenda hemisférica. La crisis energética, amplificada por las restricciones externas, expone la fragilidad estructural de la isla y plantea interrogantes sobre la eficacia de una estrategia que busca simultáneamente aliviar y asfixiar. Por ahora, la relación entre Washington y La Habana sigue marcada por gestos contrapuestos y un equilibrio inestable.