07/02/2026 - Edición Nº1096

Política

Sin internas

Axel Kicillof será el nuevo presidente del PJ bonaerense: habrá lista de unidad

07/02/2026 | El gobernador asumirá la presidencia partidaria en la provincia. Gana respaldo territorial y poder real, tras la salida de Máximo Kirchner del trono.



El desembarco de Axel Kicillof al frente del PJ Bonaerense se volvió un hecho consumado. En la cúpula del peronismo provincial hay consenso para que el gobernador reemplace a Máximo Kirchner en la presidencia del partido. Lo que resta definir no es menor: la estructura de poder que acompañará esa decisión.

Mientras la vicepresidencia quedaría en manos de Verónica Magario, todavía no se conocieron los nombres para las secretarías, consejeros, junta electoral y congreso partidario, los cuales serán el campo de batalla donde se medirán ganadores y perdedores de la negociación.

Tras haber rechazado inicialmente la propuesta, Kicillof terminó aceptando luego de una jugada de presión del kirchnerismo que, por ahora, parece haberle salido bien a MáximoCristina Kirchner, aunque con un costo creciente en autoridad real.

En el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) la decisión es clara: jugar fuerte en el reparto final. El argumento es territorial y político. Intendentes, sindicatos y movimientos sociales -la columna vertebral del peronismo bonaerense- se alinean mayoritariamente detrás del gobernador y reclaman un peso específico acorde en los lugares estratégicos del partido. No quieren una presidencia simbólica.

Para Kicillof el movimiento es arriesgado. La forma en que se configure el nuevo PJ marcará su fortaleza real. No solo importa cuántos cargos retenga su espacio, sino cuáles. La puesta en escena de la renovación partidaria funcionará como termómetro de su liderazgo frente a aliados impacientes y adversarios internos.

El estilo del gobernador genera tensiones incluso entre quienes lo apoyan. Algunos intendentes reclaman decisiones más rápidas y conducción vertical. Kicillof, en cambio, avanza con deliberación y construcción gradual. No responde al manual clásico del conurbano, pero hasta ahora logró consolidar poder sin rupturas abiertas.

El movimiento nacional

En paralelo, se profundiza una contraposición cada vez más evidente: Kicillof crece mientras Cristina Kirchner retrocede. La condena judicial y su situación de detención la aislaron del sistema político y del electorado. La dirigencia que le responde se achica y las resistencias ya no son silenciosas, sino explícitas, tanto hacia su conducción como hacia la de su hijo.

El cristinismo duro quedó en modo resistencia en la provincia de Buenos Aires. El kicillofismo, con contradicciones internas, avanza hacia una ruptura del molde kirchnerista. Sea o no candidato presidencial, el gobernador puso en marcha un cambio de época en el peronismo, animándose a desafiar a la dirigente más influyente del espacio en las últimas dos décadas.

Las señales no llegan solo desde Buenos Aires. Hay conflictos en los PJ de Salta, Jujuy, Córdoba, Entre Ríos, Mendoza, Chubut y San Luis. Dirigentes del interior empujan una renovación y observan con atención la resolución bonaerense, convencidos de que la interna de la familia kirchnerista bloquea cualquier armado nacional.

Kicillof busca capitalizar ese escenario fortaleciendo el bloque de gobernadores de Unión por la Patria como polo de poder federal. Es su forma de nacionalizar la figura, salir del encierro bonaerense y proyectar el MDF más allá de la provincia.

“El ciclo de Cristina está terminado, pero Kicillof todavía no se anima a ser jefe”, deslizó un gobernador peronista en diálogo reservado. La frase sintetiza una percepción extendida en el interior: el peronismo sigue atrapado en la lógica del kirchnerismo, sin que emerjan liderazgos capaces de correr el eje del debate.

La unidad volverá a ser el argumento formal. Pero, como suele ocurrir en el peronismo, detrás de esa palabra convivirán desconfianzas, facturas pendientes y una disputa de poder que recién empieza de cara a las elecciones del 2027.