La tensión entre Cristiano Ronaldo y la Saudi Pro League (SPL) alcanzó un punto máximo esta semana. El delantero de 41 años decidió no disputar los últimos encuentros de Al-Nassr, en protesta por lo que interpreta como un favoritismo del Fondo de Inversión Pública (PIF) hacia Al-Hilal, club que incorporó recientemente a Karim Benzema.
El gesto de Ronaldo fue interpretado como una huelga de partidos, y la SPL reaccionó con un comunicado oficial. En el texto, la organización rechazó las críticas del portugués y subrayó que “ningún individuo, por importante que sea, toma decisiones más allá de su propio club”, reafirmando que todos los equipos operan bajo un mismo marco financiero.

La ausencia del capitán en los duelos ante Al Riyadh y Al Ittihad alimentó especulaciones sobre una posible salida anticipada, pese a que su contrato con Al Nassr se extiende hasta junio de 2027. Según ESPN, la liga explicó que la llegada de Benzema responde a criterios de inversión y sostenibilidad, y no a favoritismos.
El futuro del portugués en Arabia Saudita es incierto. Aunque compartió imágenes entrenando con el grupo, la pulseada entre el astro global y la institución abre un escenario inédito: la liga saudí enfrenta el desafío de marcar límites a su jugador más emblemático, mientras el mundo del fútbol observa expectante.
En paralelo, los hinchas de Al-Nassr mostraron un fuerte respaldo a su estrella. En el triunfo 2-0 frente a Al Ittihad, levantaron carteles con el número 7, dejando en claro que la figura de Ronaldo sigue siendo central para el club y para los fanáticos, incluso en medio de la crisis.
Para la afición, el portugués sigue siendo el símbolo máximo del equipo y el referente que los llevó a competir de igual a igual con los gigantes de la Saudi Pro League. Este apoyo masivo contrasta con la postura institucional de la liga, que busca marcar límites a la figura del astro, y deja en claro que, al menos en las tribunas, Ronaldo continúa siendo intocable.