A pocos días de que el Senado trate la reforma laboral impulsada por Javier Milei, comenzó a crecer el malestar entre los bloques dialoguistas de Diputados, que denuncian haber quedado al margen de las negociaciones políticas del oficialismo. El foco de las críticas está puesto en la decisión de la Casa Rosada de concentrar los acuerdos en los gobernadores, sin un trabajo paralelo con la Cámara baja.
“Una coma que se cambie y el proyecto tiene que volver al Senado. Eso sería una señal muy mala para los mercados”, advirtió un diputado que acompaña en líneas generales la iniciativa, pero cuestiona la estrategia legislativa libertaria.
Desde el PRO y la UCR coincidieron en que una reforma de esta magnitud requiere una negociación integral entre ambas cámaras. “El Gobierno decidió hablar solo con las provincias y relegó a los bloques de Diputados, donde los números están mucho más ajustados”, señaló un referente amarillo.
En ese marco, advierten que sectores clave como Encuentro Federal o la Coalición Cívica, que no responden a gobernadores ni tienen peso en el Senado, no fueron convocados. “Los acuerdos con gobernadores no se trasladan automáticamente a Diputados”, remarcaron.
Incluso dentro del radicalismo reconocen que no existe una coordinación formal con sus pares del Senado. “Cada uno está haciendo gestiones por su cuenta para que algunos temas lleguen cerrados”, admitió un legislador.
Las críticas se profundizan por el calendario impuesto por las sesiones extraordinarias, que finalizan el 27 de febrero. Con los feriados de carnaval, el margen para dictaminar es mínimo y obliga a un tratamiento acelerado, sin audiencias amplias ni exposiciones de especialistas.
Ante ese escenario, el Gobierno analiza extender por decreto las extraordinarias hasta el 28. Sin embargo, la negociación sigue abierta, especialmente por el capítulo fiscal del proyecto, que reduce impuestos como Ganancias y afecta recursos coparticipables.
Mientras el oficialismo sostiene que la pérdida se compensará con mayor actividad y empleo formal, varios gobernadores ya anticiparon que podrían acompañar la ley en general, pero rechazar esos artículos en particular. A días de la sesión en el Senado, la reforma avanza, pero con más ruido político del esperado.