El escritor Nicolás Márquez volvió a quedar en el centro de la discusión pública tras publicar un mensaje en la red social X en el que reivindicó su trayectoria como autor y su postura crítica respecto de la cifra simbólica de 30 mil desaparecidos durante la última dictadura militar. En su publicación, el ensayista sostuvo que fue “el primer escritor” en cuestionar ese número a través de su libro La otra parte de la verdad, obra con la que —según afirmó— dio una “batalla cultural” en sus inicios profesionales.
En el mismo mensaje, Márquez aseguró haber atravesado “insultos masivos” por su postura y consideró que, con el paso del tiempo, su posición encontró eco en distintos debates públicos. El texto concluye con una reivindicación personal: “Valió la pena dar el combate”, frase que sintetiza el tono celebratorio de su intervención digital.
Fui el primer escritor que negó el mito de los 30 mil desaparecidos, con 28 años, sin dinero, ni experiencia y dando Batalla Cultural con mi libro La Otra Parte de la Verdad. Padecí el insulto masivo. Hoy vemos que hasta Alfonsín reconoció tal cosa: VALIÓ LA PENA DAR EL COMBATE!! pic.twitter.com/TCjiOLtleg
— Nicolás Márquez (@NickyMarquez1) February 8, 2026
Aunque pasaron más de cuarenta años desde el final de la dictadura, aún no hay consensos para determinar el número real de desaparecidos. Mientras los organismos de derechos humanos la cifra de 30 mil desaparecidos representa una consigna de memoria colectiva, en los últimos años aparecieron voces disidentes que cuestionaron esos números, afirmando que fueron bastante menos. Los que no aceptan los 30.000, suelen reconocer entre 8.900 y 10.000 víctimas, pero no del terrorismo de Estado, si no de lo que entienden que fue una guerra civil.
En 1979 el entonces presidente de facto, Jorge Rafael Videla, dijo en conferencia de prensa que los desaparecidos eran “Una incógnita. No está ni muerto ni vivo. Está desaparecido. No tiene entidad”. Todavía eran años duros de represión.
Cuatro años después, el 28 de abril de 1983 el régimen militar publicó el Documento Final de la Junta Militar, un discurso narrado por una voz en off, armado para justificar lo hecho por las Fuerzas Armadas entre 1976 y 1983, construyendo la teoría de que lo que pasó fue la respuesta lógica a la violencia armada de los años 70. La versión militar reconoció que "se pudo traspasar, a veces, el límite del respeto a los derechos humanos" pero puso en acento en la necesidad de perdonar, mirar hacia el futuro y encomendar el juicio de los uniformados "a Dios".
El documento cumplió la función de explicar lo acontecido desde una visión castrense, pero guardó silencio en relación al destino de los desaparecidos, a quienes declaró “muertos” sin mencionar sus lugares de sepultura. Tampoco dijo cuántos eran.
Con la vuelta de la democracia se empezó a hablar de los 30.000 desaparecidos, en libros, festivales de Rock y Derechos Humanos –frecuentes en los años 80- y documentales. Frente a la difusión de esa versión, estuvo el silencio de los que apoyaban la posición castrense, que solo se limitaban a decir que los muertos no eran inocentes.
Bien entrado el siglo XXI, el ex montonero Luis Labraña tuvo sus cinco minutos de fama en televisión, diciendo que él inventó en número de 30.000 desaparecidos. Según dijo el ex militante, lo hizo en Holanda, en ocasión de estar presente allí una delegación de Madres de Plaza de Mayo que ·"necesitaba fondos para solventar gastos" para que los argentinos exiliados en Europa pudieran acceder a subsidios estatales, por ser refugiados políticos. Según el testimonio de Labraña, en ese momento -finales de la década del 70- había unos 4.800 desaparecidos, lo que para acceder a ayudas económicas, era un número bajo.