El emprendimiento es impulsado por Abdulhadi Mana A Sh Al-Hajri, empresario multimillonario de Qatar, vinculado a inversiones inmobiliarias y desarrollos privados de alto nivel. A través de un esquema de capital extranjero, Al-Hajri adquirió tierras en la meseta de Baguales, una región remota, poco intervenida y considerada estratégica por su valor ambiental y por la disponibilidad de recursos hídricos.
La operación no pasó desapercibida. Si bien se realizó dentro del marco legal vigente, volvió a instalar una pregunta recurrente en la Patagonia: quién controla la tierra y el agua en una de las zonas más sensibles del país.
El proyecto combina infraestructura energética, uso residencial privado y turismo exclusivo. Entre los puntos centrales se destacan:
Tres microcentrales hidroeléctricas, denominadas ChiBa I, ChiBa II y ChiBa III
Una residencia privada de lujo, destinada al propietario y su entorno
Un desarrollo turístico premium, bautizado Baguales Mountain Reserve, orientado a un público de alto poder adquisitivo
Según la información oficial, las microcentrales estarán destinadas principalmente al autoabastecimiento energético del complejo y de los desarrollos anexos, sin inyección significativa al sistema público.
El uso del recurso hídrico es el corazón del debate. La concesión otorgada es por 30 años, a partir de 2025, con un esquema que:
Autoriza el uso intensivo del agua solo entre julio y septiembre
Establece regalías del 16% sobre la energía bruta generada
Mantiene el control operativo en manos privadas durante toda la concesión
Aunque el agua no se exporta ni se desvía fuera del territorio, organizaciones ambientales y sectores sociales advierten que queda atada a un emprendimiento privado extranjero en una región donde el acceso al agua es estratégico.

La meseta de Baguales es un ecosistema frágil, característico de la estepa patagónica, con baja intervención humana y alta biodiversidad. Especialistas advierten que incluso proyectos de escala reducida, como microcentrales, pueden generar:
Alteraciones en el curso natural de los ríos
Cambios en los ciclos de fauna y flora
Fragmentación del territorio
Efectos acumulativos a largo plazo difíciles de revertir
A esto se suma la preocupación por la falta de estudios de impacto ambiental ampliamente difundidos y por la limitada participación de comunidades locales en la discusión previa a la aprobación del proyecto.

El caso Baguales se inscribe en una discusión más amplia que atraviesa a la Patagonia desde hace años. La combinación de baja densidad poblacional, grandes extensiones de tierra, recursos estratégicos y capitales internacionales vuelve recurrentes los conflictos en torno al control del territorio. Para algunos sectores, el proyecto representa inversión, desarrollo y generación de empleo. Para otros, expone una lógica de enclave privado, donde los beneficios quedan concentrados y las decisiones estratégicas se toman lejos del territorio afectado.
Mientras el gobierno provincial sostiene que el emprendimiento cumple con la normativa vigente y que el esquema de concesión es legal y regulado, el proyecto de Baguales Mountain Reserve sigue bajo la lupa. La pregunta que sobrevuela no es solo qué se construye en la meseta de Baguales, sino qué modelo de desarrollo se proyecta para la Patagonia y quiénes participan de esas decisiones.