05/03/2026 - Edición Nº1122

Internacionales

Poder y diplomacia

El acuerdo que dio origen al Vaticano y cerró un conflicto histórico

11/02/2026 | Los Pactos de Letrán pusieron fin a décadas de enfrentamiento entre la Iglesia católica y el Estado italiano.



Para comprender la importancia de los Pactos de Letrán es necesario retroceder varias décadas. Durante siglos, los papas no solo fueron líderes religiosos, sino también gobernantes territoriales. Los Estados Pontificios ocuparon una extensa franja del centro de la península itálica y garantizaron al papado una base política y militar propia.

Ese equilibrio se rompió con la unificación de Italia en el siglo XIX. En 1870, las tropas del Reino de Italia entraron en Roma y anexaron los Estados Pontificios, incorporando la ciudad como capital del nuevo Estado italiano. El papa perdió su territorio y rechazó reconocer la legitimidad del nuevo orden.

Desde entonces, los pontífices se declararon “prisioneros en el Vaticano y se negaron a abandonar los palacios apostólicos. La Iglesia no reconocía a Italia, y el Estado italiano, a su vez, carecía de legitimidad ante una población profundamente católica. Esta situación, conocida como la cuestión romana, se convirtió en un conflicto político, simbólico y diplomático que se prolongó durante casi sesenta años.

El escenario cambió en la década de 1920. Italia estaba gobernada por el régimen fascista de Benito Mussolini, que buscaba consolidar su poder y obtener el respaldo de la Iglesia. Para la Santa Sede, encabezada por el papa Pío XI, también era una oportunidad para resolver un aislamiento político que limitaba su proyección internacional.

El 11 de febrero de 1929, ambas partes firmaron los Pactos de Letrán, un conjunto de acuerdos que redefinieron por completo la relación entre Iglesia y Estado. Italia reconoció la soberanía de la Ciudad del Vaticano, creando un Estado independiente bajo la autoridad del Papa. A cambio, la Santa Sede reconoció al Estado italiano con capital en Roma, cerrando formalmente la disputa territorial.


El líder fascista italiano utilizó el acuerdo con la Iglesia para reforzar la legitimidad de su régimen.

El acuerdo incluyó además dos elementos clave. Por un lado, una compensación económica destinada a resarcir a la Iglesia por la pérdida de los Estados Pontificios. Por otro, un concordato que reguló la presencia del catolicismo en la vida pública italiana, otorgándole un rol central en la educación, el matrimonio y la identidad nacional.

Para Mussolini, los pactos significaron una legitimación política decisiva: el régimen fascista obtenía el reconocimiento de la Iglesia y reforzaba su control sobre una sociedad mayoritariamente católica. Para el papado, el acuerdo garantizó independencia territorial, soberanía jurídica y una plataforma desde la cual ejercer influencia diplomática sin depender de ningún Estado.

Pío XI logró cerrar décadas de aislamiento político y asegurar la soberanía territorial de la Santa Sede.

Las consecuencias de los Pactos de Letrán se extienden hasta el presente. El Vaticano se convirtió en el Estado más pequeño del mundo, pero también en uno de los actores diplomáticos más influyentes. La Santa Sede consolidó una posición única: sin ejército ni poder económico tradicional, pero con una enorme capacidad de incidencia política, moral y simbólica a nivel global.

Por eso, el 11 de febrero de 1929 no marca solo el nacimiento del Vaticano como Estado. Representa un nuevo modelo de relación entre religión y poder político, cuyas huellas siguen presentes en la política internacional contemporánea.

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