Demian Reidel dejó este lunes el directorio de Nucleoeléctrica Argentina, en una decisión que el oficialismo buscó presentar como parte de un recambio ordenado, pero que llega tras semanas de fuertes cuestionamientos por presuntos sobreprecios y tensiones internas dentro del Gobierno.
El funcionario, asesor cercano del presidente Javier Milei, fue reemplazado por Juan Martín Campos, hasta ahora titular de Dioxitek, en el marco de una renovación casi total del directorio de la empresa estatal que opera las centrales nucleares del país.
Reidel había quedado en el centro de la escena luego de que se desplazara a dos gerentes de su confianza en medio de sospechas sobre irregularidades en una licitación del servicio de limpieza. El episodio abrió una investigación interna y derivó en sumarios administrativos, además de generar ruido político dentro de la gestión libertaria.
Desde el oficialismo evitaron hablar de una salida forzada y destacaron que el cambio se dio “de manera consensuada”, como parte del proceso de reorganización de la compañía. Sin embargo, en Balcarce 50 reconocen que el asesor presidencial acumulaba resistencias internas desde hacía semanas.
Del directorio anterior solo continuará Diego Chaher, funcionario alineado con el asesor presidencial Santiago Caputo y uno de los principales impulsores del plan de privatizaciones. Su permanencia expone que el recambio no fue neutro y que el conflicto en Nucleoeléctrica también reflejó una disputa de poder dentro del oficialismo.
En los hechos, el caso reveló un choque entre cuadros técnicos de la empresa y funcionarios políticos cercanos a Reidel, con denuncias internas que terminaron forzando decisiones en el directorio.
El episodio escaló al plano legislativo con un pedido de informes presentado por la diputada Florencia Carignano, que puso bajo la lupa la gestión de Nucleoeléctrica durante el paso de Reidel por la conducción.
El proyecto solicita explicaciones sobre procesos licitatorios, contrataciones, gastos internos y presuntas presiones a personal técnico, con especial foco en la licitación del servicio de limpieza, que habría registrado un aumento superior al 140% respecto del contrato anterior.
A eso se sumaron cuestionamientos por la contratación de un sistema informático SAP, cuyo costo final habría trepado de un presupuesto inicial cercano a los 600.000 dólares a casi 7 millones.
Nucleoeléctrica es una compañía clave para el esquema energético del país: opera Atucha I, Atucha II y Embalse, y actualmente ejecuta proyectos de gran envergadura como la extensión de vida de Atucha I y la construcción del sistema de almacenamiento de combustibles gastados, con inversiones que rondan los 700 millones de dólares.
El recambio en la conducción se produce, además, en paralelo al proceso impulsado por el Gobierno para avanzar en la privatización parcial de empresas públicas estratégicas.
Tras la asamblea de accionistas, el directorio quedó conformado con Juan Martín Campos como presidente; Martín Porro, titular de la Comisión Nacional de Energía Atómica, como vicepresidente; Diego Chaher como director; y Diego Garde y Javier Grinspun como vocales. Como suplentes fueron designados Ignacio Bruera y Juan Cantarelli.
En paralelo, se ratificó a Fernando Montserrat como gerente general, un dato leído puertas adentro como una señal de continuidad operativa en medio de la crisis política.
En el entorno del Gobierno no descartan que Reidel vuelva a concentrarse en su rol como asesor presidencial, un lugar que ya ocupó entre 2024 y 2025 y desde el cual mantiene vínculo directo con Milei.
Su salida de Nucleoeléctrica, sin embargo, marca un punto de inflexión: por primera vez, un funcionario del círculo íntimo del Presidente queda desplazado tras una polémica administrativa que combinó denuncias internas, presión política y exposición pública.