Netflix y Juan José Campanella ponen en escena (otra vez) una historia que ya se ganó al público argentino, y no es cualquier cosa: Parque Lezama, la comedia dramática que retrata la amistad improbable entre un viejo militante del Partido Comunista y un eterno cultor del “no te metás”, llega a las pantallas globales tras una década de éxito teatral.
La trama gira en torno a Antonio Cardozo y León Schwartz, dos personajes en aparente oposición ideológica que encuentran en un banco del verdadero Parque Lezama (San Telmo, Buenos Aires) un lugar para debatir, reír y replantear la vida.
Entre carcajadas, ternura y emoción, estos dos veteranos (uno casi ciego y a punto de ser jubilado a la fuerza, el otro un luchador incansable con tendencia a las mentiras piadosas) comparten visiones sobre el mundo, sus familias y conflictos cotidianos que terminan reflejando algo más grande: la eterna tensión entre cambio y conformismo.
Lo que en su origen fue una adaptación teatral de I’m Not Rappaport (Herb Gardner, 1985) se convirtió en un fenómeno de taquilla: más de 300 mil espectadores, múltiples premios como Estrella de Mar y nominaciones a los premios ACE, y temporadas que se extendieron por años en Buenos Aires y también en España, donde fue ovacionada en el Teatro Fígaro de Madrid.
Campanella, ganador del Oscar por El secreto de sus ojos, dirigió la adaptación cinematográfica estrenada primero en cines argentinos el 19 de febrero de 2026 y programada para Netflix el 6 de marzo de 2026. El proyecto reúne a los protagonistas originales, Luis Brandoni y Eduardo Blanco, consolidando la química que construyeron en más de mil funciones sobre el escenario.

Más allá de ser una comedia, Parque Lezama funciona como un espejo: dos hombres que, a los ojos de muchos, ya no “deberían” importar debaten sobre justicia social, memoria, solidaridad y dignidad humana. En el camino, desarman prejuicios y demuestran que el humor, incluso el político, puede conectar más de lo que separa.

Parque Lezama no es solo la historia de dos viejos conversando sentados. Es la de una sociedad que se mira a sí misma con ironía y compasión, y la prueba de que, a veces, las verdades más incómodas se dicen mejor desde un banco de plaza.