10/02/2026 - Edición Nº1099

Internacionales

Historia militar

Las caligae: el calzado que sostuvo la expansión del Imperio Romano

10/02/2026 | Lejos de ser simples sandalias, las caligae fueron una pieza clave de la maquinaria militar romana. Diseño, resistencia y psicología de guerra.



Durante siglos, la imagen del soldado romano usando calzado abierto fue interpretada como una curiosidad o incluso como una debilidad. Sin embargo, las caligae eran el resultado de un diseño pensado específicamente para la guerra y la marcha prolongada. No se trataba de falta de recursos ni de rudimentariedad, sino de una solución práctica frente a uno de los mayores desafíos de los ejércitos antiguos: mantener a miles de hombres caminando, luchando y sobreviviendo durante años.

Un legionario romano podía recorrer entre 30 y 35 kilómetros diarios cargando armamento, escudo y provisiones. En ese contexto, una bota cerrada favorecía la acumulación de humedad, infecciones y lesiones incapacitantes. El diseño abierto de las caligae permitía que el pie respirara, se secara con rapidez tras cruzar ríos y se adaptara a la hinchazón provocada por largas jornadas de marcha.


La expansión del Imperio Romano se construyó paso a paso sobre rutas, campos de batalla y fronteras lejanas.

La clave estaba en la suela

El verdadero corazón del calzado romano no estaba en las tiras de cuero, sino en la base. Las suelas se fabricaban con varias capas de cuero endurecido y se reforzaban con clavos de hierro conocidos como clavi caligarii. Lejos de ser un detalle estético, estos clavos cumplían funciones esenciales.

En primer lugar, proporcionaban tracción en todo tipo de terrenos, desde el barro del norte de Europa hasta los caminos empedrados del Mediterráneo. Esa estabilidad era crucial en combate, especialmente para resistir cargas enemigas y empujar en formación cerrada con el escudo. Además, los clavos reforzaban la suela contra piedras, espinas y superficies irregulares, aumentando notablemente su durabilidad.

Otro aspecto clave era el mantenimiento. Cuando los clavos se desgastaban, no era necesario desechar el calzado completo. Bastaba con reemplazarlos. Este sistema modular resultaba ideal para campañas prolongadas, lejos de Roma y sin acceso constante a nuevos suministros.


Detalle de la suela con clavi caligarii, clavos de hierro insertados en capas de cuero endurecido. Proporcionaban tracción, resistencia y estabilidad en combate.

El sonido que anunciaba la conquista

Las caligae también jugaron un papel en la guerra psicológica. El sonido metálico de miles de clavos golpeando el suelo al unísono generaba un estruendo inconfundible. Antes de ver los estandartes o las armaduras, los enemigos ya sabían que una legión romana se acercaba. Ese ruido transmitía orden, disciplina y una amenaza organizada, reforzando la reputación intimidante del ejército romano.

La importancia simbólica de las caligae fue tal que incluso dejó huella en la historia política de Roma. El futuro emperador Calígula pasó su infancia en campamentos militares acompañando a su padre, el general Germánico. Vestía pequeñas caligae hechas a medida, lo que le valió el apodo cariñoso de “Botita” entre los soldados. El sobrenombre lo acompañó hasta el trono, aunque él siempre lo detestó.


Recreación histórica moderna con caligae fieles a los modelos originales. El calzado modifica la postura, la pisada y la forma de marchar del soldado romano.

De la arqueología a la recreación histórica

Hoy, las caligae son uno de los elementos más estudiados por la arqueología militar romana. Miles de clavos hallados en antiguos campamentos de Britania, Germania y la Galia confirman su uso masivo y su constante reparación. En la recreación histórica moderna, el calzado es uno de los factores que más diferencia un simple disfraz de una reconstrucción fiel: cambia la postura, la pisada y hasta la forma de marchar.

Más de dos mil años después, las caligae siguen siendo un recordatorio de que el éxito del Imperio Romano no se apoyó solo en grandes batallas o emperadores célebres, sino también en decisiones prácticas, repetidas millones de veces, paso a paso, sobre el terreno.