El Banco de Francia se prepara para un cambio de liderazgo adelantado. Su presidente, François Villeroy de Galhau, dejará el cargo en junio, más de un año antes de la finalización de su mandato, prevista para octubre de 2027. El movimiento habilita al presidente Emmanuel Macron a nombrar a su reemplazante antes de las próximas elecciones presidenciales, un dato que genera atención tanto política como financiera.
En un mensaje interno dirigido al personal del banco central, Villeroy explicó que su decisión responde a una elección personal y no a presiones externas. “Tomé esta decisión de manera natural e independiente”, afirmó, y agregó que el período hasta junio es “suficiente para organizar la sucesión con calma”. En otra declaración pública, también remarcó que nadie le pidió que adelantara su salida y que, de haber ocurrido, la habría rechazado.

Durante su gestión, iniciada en 2015, Villeroy se consolidó como una de las voces más influyentes dentro del Banco Central Europeo. Fue un firme defensor de una política monetaria flexible y, en los últimos meses, alertó sobre los riesgos de una inflación demasiado baja, vinculados en parte a la fortaleza del euro. Para el economista francés, “la victoria sobre la inflación ya se ha logrado”, y la política monetaria europea se encuentra “en una posición sólida”, pese a las incertidumbres globales.
El contexto político amplifica el impacto de la decisión. Las encuestas muestran que la extrema derecha llega competitiva a las presidenciales de 2027, con Marine Le Pen o Jordan Bardella como figuras con posibilidades reales de acceder al poder. Desde el Rassemblement National cuestionaron el adelantamiento del recambio y lo interpretaron como una maniobra para garantizar continuidad institucional ante un eventual cambio político.

Desde el Gobierno defendieron el rol del funcionario saliente. El ministro de Finanzas Roland Lescure sostuvo que las decisiones de Villeroy “siempre estuvieron guiadas por el rigor, la independencia y la preocupación por el interés público”, y destacó su papel en uno de los períodos más complejos para la economía europea, marcado por inflación elevada, suba de tasas y tensiones geopolíticas.
La ley francesa establece que el presidente del Banco de Francia tiene un mandato de seis años, renovable una sola vez, y que su nombramiento debe contar con el aval de las comisiones de Finanzas de la Asamblea Nacional y del Senado. La remoción anticipada solo es posible por incapacidad o falta grave, lo que refuerza la autonomía formal del organismo.
De cara a la sucesión, suenan perfiles con amplia trayectoria en el Ministerio de Economía y en organismos internacionales, una tradición histórica en la conducción del banco central francés. Analistas coinciden en que Francia suele optar por figuras moderadas y proclives a políticas monetarias flexibles, una orientación que podría resultar clave en un país con deuda pública creciente y crecimiento económico limitado.
La salida anticipada de Villeroy no solo marca el cierre de una etapa. También abre un capítulo decisivo en la relación entre política, estabilidad financiera y confianza institucional en Francia y en el conjunto de Europa.