La CGT resolvió movilizarse este miércoles a la Plaza de los Dos Congresos contra la reforma laboral impulsada por el Gobierno, pero descartó un paro general. Sin embargo, la decisión no logró ordenar al conjunto del movimiento obrero: mientras el transporte funcionará en términos generales con normalidad, varios sindicatos anunciaron ceses parciales y otros directamente confirmaron huelgas de 24 horas.
En el sector transporte, la postura será dispar. La Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT) definió que no habrá un paro de 12 horas, pero sí interrupciones parciales a partir del mediodía en actividades aéreas, marítimas, portuarias y subterráneas. Su titular, Juan Carlos Schmid, explicó que cada gremio aplicará la modalidad que considere más conveniente para garantizar la asistencia a la movilización.
De este modo, trenes y colectivos funcionarán normalmente durante toda la jornada. La Fraternidad, que conduce Omar Maturano, y la Unión Ferroviaria, encabezada por Sergio Sasia, no realizarán medidas de fuerza, al igual que la UTA de Roberto Fernández, por lo que el servicio de colectivos estará garantizado en el AMBA. En los subtes, los metrodelegados evalúan paros de dos o tres horas después de la concentración.
En contraste, los gremios más combativos resolvieron avanzar con huelgas plenas. La Unión Obrera Metalúrgica (UOM) confirmó un paro de 24 horas con abandono de tareas desde las 10, mientras que ATE, bajo la conducción de Rodolfo Aguiar, llamó a paralizar toda la administración pública, aun sin convocatoria formal de la CGT. También se sumarán sindicatos alineados con la izquierda como SUTNA, Ademys y AGD UBA.
La protesta expone así una fractura sindical frente a la reforma laboral: una CGT que busca mostrar rechazo sin escalar el conflicto y un bloque gremial que apuesta a endurecer el plan de lucha, en medio de la discusión legislativa y las presiones cruzadas sobre el Senado.
La decisión de no llamar a una huelga general volvió a dejar en evidencia las tensiones internas dentro de la central obrera. Mientras el ala dialoguista prioriza la movilización como gesto político, los sectores más duros consideran insuficiente esa estrategia frente a una reforma que califican de regresiva.
En ese escenario, la jornada del miércoles funcionará como una prueba de fuerza: el nivel de acatamiento a los paros y la masividad de la movilización marcarán hasta dónde está dispuesto a llegar el sindicalismo frente al avance del proyecto laboral del Gobierno.