Fabián Vena hace memoria con Chiche Gelblung desde un lugar que conoce bien: el de quien lleva décadas arriba del escenario y sigue mirando el oficio con curiosidad intacta. El actor, nacido en Buenos Aires, con una extensa trayectoria en teatro (“Calígula” de Albert Camus, por ejemplo), cine y televisión, fue entrevistado en El Living de NewsDigitales, donde repasó su presente artístico y las ideas que lo sostienen como intérprete y formador.
“El divorcio del año es una gran comedia estrenada hace muy poco, con mucho éxito”, afirmó al presentar la obra que protagoniza en el Multiteatro, dirigida por José María Muscari. “No sé si he recibido tantas buenas críticas en un espectáculo que he presentado”, agregó, y explicó que la pieza “termina virando hacia algo también tan crudo, tan real, como puede llegar a ser un divorcio mediático”.
Vena habló del detrás de escena con una definición precisa: “El mundo camarín es hermoso”. Y explicó qué significa ese espacio antes de salir a escena: “Es bajar, sacarse toda la vida de encima, prepararse y salir a disfrutar del juego”.
Sobre la rutina teatral del espectador, fue concreto: “Siempre una hora antes, seguro, y si podés estar antes, mejor todavía”. Para él, el teatro no es solo función y aplauso, sino un ritual compartido que empieza mucho antes.
Al reflexionar sobre la actuación, Vena fue directo: “Nuestro instrumento somos nosotros mismos”. Y desarrolló una de las ideas que más repite cuando habla del oficio:
“Somos la guitarra, pero también el estuche”.
Esa exposición permanente tiene un costo. “Arriba del escenario podés tener muchísima seguridad. Abajo, tal vez somos los seres más débiles del mundo”, reconoció. Sin dramatizar, marcó una diferencia clara entre el actor en escena y la persona fuera de ella.
Consultado por sus modelos, no dudó: “Alfredo Alcón sin dudas, Miguel Ángel Solá”, dijo, y recordó también a actrices como Bárbara Mujica, Tina Serrano e Inda Ledesma. “No hay manera que les veas un segundo de mentira, es todo verdad”, sostuvo.
Para Vena, ahí está el núcleo del trabajo actoral: “No copiar, sino transformarte en alguien para que funcione como espejo”. Y remarcó que el teatro tiene una escala de valores distinta: “Empatía, generosidad, no competencia”.
Cuando la charla giró hacia el poder, eligió una metáfora clásica:
“Tenemos el poder del bufón”.
Y explicó: “Ese que le dice la verdad al rey, o por lo menos se la muestra”.
Lejos de esquivar el tema, habló del error sin vueltas: “Me acuerdo tanto de los fracasos como de los éxitos”. Incluso los consideró necesarios: “Para hacer un clásico tenés que fracasar en varios”. Para Vena, el teatro no es algo fijo ni cerrado. “Es un acto vivo, un acto compartido, porque sin público no hay teatro”, afirmó. Y cerró con una definición que resume su mirada: “El teatro es sanador”.