Una escena de fuerte impacto institucional se vivió en la ciudad de Rosario, cuando familiares de policías que realizaban una protesta pacífica frente a la sede de la Unidad Regional II fueron desalojados mediante el uso de la fuerza por personal policial.
La intervención habría sido ordenada desde la cúpula de la fuerza y generó momentos de alta tensión en el lugar.
El operativo fue encabezado por el jefe de Policía de la provincia de Santa Fe, Luis Maldonado, quien se presentó en el lugar junto al jefe de la Unidad Regional II, Guillermo Fabricio Solari, acompañados por un grupo reducido de efectivos.
De acuerdo con testimonios recogidos en el lugar, el procedimiento incluyó el uso de bastones y gas pimienta contra personas que se manifestaban sin ejercer violencia.
También se denunciaron empujones y agresiones físicas contra familiares de policías que reclamaban mejoras salariales, condiciones laborales dignas y respuestas concretas por parte de las autoridades provinciales.
El episodio generó indignación entre efectivos y sus entornos familiares, que desde hace días vienen realizando concentraciones en distintos puntos de la provincia para visibilizar sus reclamos.
Diversas voces dentro y fuera de la fuerza interpretaron el operativo como una muestra del deterioro interno que atraviesa la institución. En lugar de abrir canales de diálogo, la conducción optó por una demostración de autoridad que terminó profundizando el conflicto.
Tras lo ocurrido, distintos sectores sostuvieron que Maldonado y Solari perdieron legitimidad para continuar al frente de la institución.
Consideraron que ordenar y encabezar un procedimiento represivo contra familiares del propio personal constituye un hecho grave y reclamaron que ambos funcionarios evalúen su pase a retiro.
Según esas voces, el accionar dejó una marca negativa en la historia reciente de la Policía de Santa Fe y afectó la dignidad de quienes integran la fuerza, al priorizar la preservación de cargos y privilegios por sobre el diálogo institucional.