11/02/2026 - Edición Nº1100

Internacionales

Cultura

Gabriel Boric y Bad Bunny: por qué habló de “acto geopolítico” en el Super Bowl

10/02/2026 | El comentario del presidente chileno sobre Bad Bunny reabre el debate sobre poder blando, identidad continental y los límites entre cultura y política.



El show de medio tiempo del Super Bowl suele ser leído como un producto de entretenimiento global, cuidadosamente diseñado para evitar fricciones políticas explícitas. Sin embargo, la reacción que generó la actuación de Bad Bunny en la edición 2026 revela que ese equilibrio es cada vez más difícil de sostener. Cuando una figura política como el presidente Gabriel Boric define el espectáculo como un acto geopolítico, el evento deja de pertenecer solo al terreno cultural y se inscribe en una discusión más amplia sobre símbolos, poder y representación.

El impacto de esa afirmación no radica únicamente en el contenido del show, sino en el contexto en el que se produce. En un momento de tensiones renovadas entre Estados Unidos y América Latina, el Super Bowl aparece como una plataforma inesperada donde se proyectan disputas identitarias. La cultura popular, lejos de ser neutral, funciona como un canal de poder blando capaz de condensar mensajes que resuenan más allá del espectáculo.

Chile 


Chile es un país largo y angosto que se extiende por el borde occidental de Sudamérica, con más de 6,000 km de costa en el océano Pacífico.

Cultura pop como lenguaje político

La actuación de Bad Bunny, mayoritariamente en español y cargada de referencias latinoamericanas, fue interpretada por amplios sectores como una afirmación simbólica de presencia y pertenencia. En el escenario más visto del planeta, el idioma y la estética funcionan como declaraciones implícitas: quiénes son visibles, quiénes ocupan el centro y qué narrativas se consideran legítimas. Ese gesto, aunque no partidario, activa lecturas políticas inevitables.

Desde esta perspectiva, la cultura pop deja de ser un simple producto comercial y se convierte en un lenguaje político indirecto. No impone agendas ni propone programas, pero instala marcos de sentido. La música, la escenografía y la identidad del artista operan como señales que dialogan con debates contemporáneos sobre migración, inclusión y memoria histórica, especialmente en sociedades atravesadas por fuertes tensiones culturales.

El riesgo de sobredimensionar el gesto

La lectura geopolítica del show también plantea un riesgo: convertir cualquier expresión cultural en una extensión automática del conflicto político. Al elevar el espectáculo a la categoría de acto geopolítico, se corre el peligro de sobrecargar de intencionalidad un evento que responde, en gran medida, a lógicas de mercado, audiencia y posicionamiento global. No toda visibilidad implica una estrategia política consciente.

Aun así, la discusión deja una enseñanza relevante. En un mundo hiperconectado, donde los eventos culturales circulan con velocidad y escala inéditas, la frontera entre entretenimiento y política es cada vez más porosa. El debate abierto por Boric no define el sentido del show, pero sí expone una realidad: la cultura masiva se ha transformado en un espacio donde se disputan identidades, narrativas y percepciones de poder.