La caída del turismo en Cuba dejó de ser un fenómeno gradual para convertirse en un quiebre abrupto. La reducción de vuelos internacionales, forzada por la escasez de combustible de aviación, expuso la fragilidad de un modelo económico excesivamente dependiente del flujo constante de visitantes. Lo que hasta hace poco se explicaba por factores externos o coyunturales hoy adquiere una dimensión estructural, con consecuencias visibles en la conectividad aérea, la ocupación hotelera y el empleo.
El impacto es particularmente sensible porque el turismo funciona como principal fuente de divisas para la isla. Cada cancelación de vuelo no solo reduce la llegada de visitantes, sino que altera la cadena completa de ingresos asociada al transporte, la hotelería y los servicios. En ese contexto, la crisis energética deja al descubierto que la recuperación turística postpandemia nunca logró consolidarse y que el margen de resiliencia del sector era menor de lo que sugerían los discursos oficiales.
La imposibilidad de garantizar suministro regular de Jet A-1 en los aeropuertos cubanos obligó a aerolíneas clave a suspender rutas o rediseñar operaciones con escalas técnicas fuera del país. Este ajuste, costoso y poco eficiente, redujo la competitividad de Cuba frente a otros destinos del Caribe que ofrecen mayor previsibilidad operativa. El resultado inmediato es una pérdida de conectividad que afecta, sobre todo, a los mercados emisores más relevantes.
Canadá, principal origen de turistas hacia la isla, concentra buena parte de las suspensiones, lo que amplifica el efecto negativo. La caída de frecuencias no solo limita la llegada de nuevos visitantes, sino que también erosiona la confianza de operadores y agencias, que comienzan a retirar a Cuba de sus catálogos ante la incertidumbre. El problema ya no es solo energético: es reputacional y estratégico.
🟢Cuba se queda sin combustible: aerolíneas suspenden vuelos y el turismo entra en crisis
— DW Español (@dw_espanol) February 10, 2026
Cuba enfrenta una aguda escasez de combustible para la aviación que paraliza vuelos internacionales, obliga a desvíos y agrava el colapso del sector turístico. Air Canada suspende sus… pic.twitter.com/nMrlYQB9cM
La crisis actual revela la ausencia de amortiguadores económicos capaces de compensar el retroceso del turismo. La dependencia de un solo sector deja al país expuesto a choques externos, ya sean sanitarios, geopolíticos o energéticos. En este escenario, la falta de combustible actúa como catalizador de problemas acumulados: infraestructura deteriorada, escaso acceso a financiamiento y limitaciones para diversificar exportaciones.

A corto plazo, el alivio dependerá de apoyos externos y acuerdos políticos que permitan restablecer el suministro energético. Sin embargo, el episodio deja una lección más profunda: sin diversificación productiva ni autonomía energética, el turismo no puede sostener por sí solo la estabilidad económica. La crisis del combustible no creó el problema, pero sí lo volvió inocultable.