Un campamento de grandes dimensiones, construido en una zona boscosa del oeste de Etiopía, se ha convertido en una nueva pieza clave de la guerra que ya desestabiliza a toda la región. Allí se entrenan miles de combatientes que luego son enviados a combatir en Sudán, en un conflicto iniciado en 2023 que dejó millones de desplazados y una crisis humanitaria sin precedentes.
La instalación se encuentra en la región de Benishangul Gumuz, a pocos kilómetros de la frontera sudanesa y en un punto estratégico donde convergen Etiopía, Sudán y Sudán del Sur. Imágenes satelitales muestran un crecimiento acelerado del complejo desde finales de 2025, con cientos de tiendas de campaña, edificios de techo metálico y un movimiento constante de convoyes militares.
Según funcionarios y diplomáticos de la región, el campamento funciona como centro de adiestramiento para las Fuerzas de Apoyo Rápido, el grupo paramilitar enfrentado al ejército sudanés en una guerra interna que se volvió cada vez más brutal. A comienzos de este año, más de cuatro mil reclutas ya estaban recibiendo instrucción militar en el lugar, con una capacidad final prevista de varios miles más.
Uno de los puntos más sensibles es el respaldo externo. Diversas fuentes indican que Emiratos Árabes Unidos habría financiado la construcción del campamento y aportado apoyo logístico y entrenamiento, aunque Abu Dabi niega cualquier participación directa en las hostilidades. El gobierno etíope, por su parte, evitó dar explicaciones públicas detalladas sobre el uso de la instalación.
El entrenamiento no se limita a ciudadanos sudaneses. Entre los reclutas habría etíopes y combatientes provenientes de zonas fronterizas, que luego cruzan hacia el estado sudanés del Nilo Azul, uno de los nuevos focos de combate. Analistas advierten que este flujo constante de hombres y recursos prolonga la guerra y dificulta cualquier intento de negociación política.
La infraestructura militar asociada al campamento va más allá del terreno de entrenamiento. El aeropuerto de Asosa, a unos 50 kilómetros, fue ampliado con nuevos hangares, plataformas y sistemas compatibles con operaciones de drones. Especialistas en seguridad regional sostienen que estas mejoras permiten sostener operaciones aéreas y abastecer fuerzas armadas a ambos lados de la frontera.

La ubicación del complejo genera además preocupación internacional por su cercanía a la Gran Presa del Renacimiento Etíope, la mayor central hidroeléctrica de África y un proyecto clave para la economía del país. Un eventual desborde del conflicto podría poner en riesgo esa infraestructura estratégica y escalar aún más las tensiones regionales.

Desde su llegada al poder en 2018, el primer ministro Abiy Ahmed fortaleció los vínculos políticos y militares con socios de Oriente Medio, en busca de apoyo financiero y estabilidad interna. Sin embargo, el involucramiento indirecto en la guerra sudanesa expone a Etiopía a un escenario cada vez más complejo, donde los conflictos locales se mezclan con intereses geopolíticos más amplios.
Mientras la guerra en Sudán continúa sin señales claras de alto el fuego, el campamento secreto en el oeste etíope confirma que el conflicto ya no es solo una crisis nacional, sino una amenaza regional con consecuencias imprevisibles para todo el Cuerno de África.