La figura de Alejandro Sabella quedará inmortalizada en el Paseo de los Profesores junto a la de Osvaldo Zubeldía y completará el tridente de maestros pincharratas en el estadio UNO de La Plata.
La institución platense confirmó que "Pachorra" tendrá un reconocimiento que llega por mandato popular. La decisión no fue arbitraria. La dirigencia encabezada por Juan Sebastián Verón abrió el juego a los socios e hinchas mediante una encuesta para elegir a la próxima figura a homenajear.
La respuesta fue abrumadora: Sabella arrasó con el 67,8% de los votos, dejando atrás a glorias de la talla de Mariano Mangano (13,8%), Juan Ramón Verón (12,6%) y Manuel Pelegrina (1,9%). El monumento se emplazará en el Paseo de los Profesores, un sector emblemático del estadio Jorge Luis Hirschi donde ya descansa la figura de Osvaldo Zubeldía.
De esta manera, el club completará su trinidad de próceres, sumando a Sabella a un predio que ya cuenta con la imagen a escala real de Carlos Salvador Bilardo custodiando el campo de juego.
El legado de Sabella en el "Pincha" se construyó en dos etapas brillantes. Su llegada en 1982, tras un paso por el fútbol inglés, marcó el inicio de una era dorada dentro de la cancha. Fue el cerebro del mediocampo en los equipos campeones del Metropolitano '82 y el Nacional '83 bajo la tutela de Bilardo, disputando 171 partidos y anotando 34 goles con la camiseta albirroja.

Pero su consagración definitiva llegaría décadas después, desde el banco de suplentes. Tras años de formación como ayudante de Daniel Passarella, Sabella asumió como DT principal en 2009 y llevó a Estudiantes a la cima del continente.
Conquistó la cuarta Copa Libertadores en la historia del club y estuvo a minutos de vencer al Barcelona de Guardiola en la final del Mundial de Clubes.
Sus números como entrenador son elocuentes: dirigió 97 encuentros con una efectividad superior al 67%, coronando su ciclo con el título del Apertura 2010.
Más allá de las estadísticas, la estatua honrará una forma de sentir el fútbol y la vida. Sabella encarnó los valores de humildad, trabajo y pertenencia que definen la escuela de Estudiantes.
Su figura, ahora eterna en bronce, servirá de faro para las futuras generaciones que pisen el estadio UNO, recordándoles que la grandeza se construye con talento, pero se sostiene con sabiduría y corazón.