Gabriel Brazenas pasó por El Living de NewsDigitales y no anduvo con vueltas al describir la naturaleza del arbitraje en el fútbol de Argentina. Según el ex referí, "el fútbol argentino representa una exposición muy grande. Si te sale bien, cumpliste con tu trabajo. Si no te sale bien, sos el corrupto número uno".
Esta afirmación subraya una de sus principales críticas: la imposibilidad de admitir el error en un contexto tan pasional como el fútbol. Brazenas comparó la situación del árbitro con la de un jugador como Martín Palermo, quien pudo errar tres penales "sin que se pusiera en duda su honestidad". Sin embargo, para un referí, un error "siempre es mal intencionado".
La carrera de Brazenas estuvo plagada de encuentros con personalidades únicas del fútbol argentino. Recordó con humor la ironía de Carlos Bianchi, quien protestaba algunas situaciones y cuando se acercó le dijo: "Es que quiero ayudarte a dirigir el partido".
También mencionó a Guillermo Barros Schelotto, quien con un peculiar lenguaje corporal, se acercaba a él, levantaba los brazos pero cara a cara le decía: "sos un fenómeno". El gesto levantaba a los hinchas, pero él no podía expulsarlo. "¿Qué iba a poner en el informe, que me dijo fenómeno?" recuerda con humor.

Sin embargo, fue José Luis Chilavert quien se llevó sus mayores elogios. "Chilavert fue el más grande arquero que yo vi en la historia", sentenció Brazenas, destacando su personalidad arrolladora y su capacidad para "ganar partidos" desde la viveza y la estrategia.
Brazenas no tiene problemas en hablar de aquella final, ya que “me preguntaron un millón de veces, con esta un millón y una”. Sobre el partido, desmintió rumores sobre su desempeño físico y su supuesta "expulsión" por ese partido.
"Fui a Grondona y le dije: 'Julio, se terminó'", recordó Brazenas, detallando cómo el entonces presidente de la AFA intentó retenerlo. También contó cómo le pagó una costosa operación de cervicales en un hospital de primer nivel.
Ese gesto, según Brazenas, es la razón por la que estará "eternamente agradecido" a Grondona, quien le pagó la indemnización "sin juicio, sin nada". Rechazó también la idea de dirigir un partido más para "lavar" su imagen, ya que "el problema es de la gente, no es mío".
Además, desmitificó la famosa denuncia de Castrilli, afirmando que fue la única persona involucrada que nunca fue citada a declarar por la Justicia. Brazenas también rememoró el contexto de su arbitraje en la final de 2001 entre Racing y River, en medio del estado de sitio en Argentina.

Un partido de "cuestión de estado" que se resolvió en Casa de Gobierno, una responsabilidad que él define como "responsabilidad, no presión", y que sirvió para "descomprimir una situación social".
La visión de Gabriel Brazenas sobre la introducción del VAR en el fútbol argentino es crítica y contundente. Para él, es "otro fútbol", un "invento" que, lejos de traer transparencia, lo ha empeorado. "A las pruebas me remito, cada vez peor", afirmó, criticando que no solo se desconfía de los árbitros en cancha, sino también del equipo detrás del VAR.
El ex referí lamenta la pérdida de la espontaneidad y la conversión del fútbol en un "fútbol de PlayStation". Cuestionó la subjetividad de las líneas del VAR ("la línea está torcida") y la forma en que el sistema elimina el contacto y la esencia del juego. "Este fútbol yo no lo dirigí", dijo, admitiendo que el VAR es un proceso irreversible impulsado por un "negocio" global que transformó el deporte.